La joya de la Casa de Altamira

La Voz C. V. G. | CARBALLO

GALICIA

JANET GONZÁLEZ VALDÉS

ISLAS SISARGAS El archipiélago malpicán es el último solar de los Osorio de Moscoso en Galicia, además de tierra fecunda en percebes e importante reserva ornitológica 5697393 «La desaparición de la anchoa pudo ser la causa de la marcha de los 'araos dos cons'»

07 abr 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

Las Sisargas son tres: la Grande, Malante y la Chica. Juntas no suman un kilómetro cuadrado de un territorio yermo y escarpado, batido por todos los temporales, pero acogedor para percebes y varios tipos de aves marinas y terrestres. Además, son todo lo que queda en Galicia de los vastos terrenos del temido conde de Altamira. Algunos de sus herederos incluso se han disputado el reparto de la propiedad, en la que figuran cinco personas: los cuatro hermanos De la Cierva Osorio de Moscoso y José María Ruiz de Bucesta Osorio de Moscoso. Reducida a tres pequeñas islas a una milla de Malpica, la Casa de Altamira no quiere renunciar a un solar que no pudo entrar en el parque nacional de las Illas Atlánticas, a pesar de los intentos de ayuntamientos, grupos ecologistas y variadas entidades. Valores La importancia de las Sisargas también se puede dividir en tres. Las islas tienen un indudable valor natural, son un referente fundamental en la navegación y atesoran la leyenda de San Adrián, que las liberó de las serpientes. En lo zoológico, los acantilados de la Sisarga Grande admiten pocas comparaciones. Desde hace seis siglos, anidan en las rectas paredes que se abren al Atlántico los vencejos reales, que no son aves marinas, pero gustan de terrenos escarpados y bien ventilados. Es tierra de gaviotas tridáctilas y hasta el 2005 crió en ellas una pareja de arao dos cons, una especie abundante en el norte de Europa, pero casi desaparecida en Galicia. La fauna de las Sisargas es muy amplia, pero el animal que despierta más interés es el percebe. Del Peito da Illa y de algunas rocas de los alrededores se obtienen los ejemplares que más cotizan en las lonjas de la Costa da Morte, en continua competencia con los crustáceos de O Roncudo. Pero no sólo de marisco se vive en Malpica. Rodean a las Sisargas importantes caladeros que hacen de las islas auténticos imanes para los pesqueros que, además, pueden trabajar a sotavento en los peores días del invierno. Todo este trasiego se ha convertido en una larga lista de naufragios. Muchos barcos y vidas se han perdido en el entorno de las islas. El último accidente colocó al archipiélago en la apertura de todos los informativos nacionales. Allí se hundió el O Bahía con todos sus tripulantes a bordo. Las islas llevan siglos deshabitadas. Quedan los restos de la ermita de Santa Mariña, destruida por los normandos, y de un antiguo faro en la punta Chanceira. El edificio de señales actual fue hasta hace bien poco destino obligado para los fareros novatos, que pasaban turnos de 15 días en la más absoluta soledad. Los que realizaron este trabajo en los últimos años recuerdan perfectamente las arriesgadas travesías desde el puerto de Malpica, que terminaban en el pequeño muelle de la Sisarga Grande.