Odisea 2020

Lois Blanco, lois.blanco@lavoz.es

GALICIA

PACO RODRÍGUEZ

A CIENTO cincuenta kilómetros por hora no se salva ni Dios, recuerdan a los conductores los letreros luminosos de las autovías en Semana Santa, en un intento desesperado por reducir el número de familias que no van a regresar de estas vacaciones.

31 mar 2007 . Actualizado a las 07:00 h.

A trescientos, ya no se ve nada. Pero la única opción de entrar o salir de Galicia por tierra esta primavera con una mínima comodidad es sobre asfalto, porque las vías de tren son las mismas que las del siglo XIX. Y así seguirá siendo. Galicia está aislada. El sur (Andalucía), el Levante (Valencia), el noreste (Cataluña) y el norte (Asturias) tienen o están a punto de colocar las traviesas que permiten a sus habitantes viajar a trescientos por hora en el transporte más seguro, más eficiente y menos contaminante, pues el AVE consume energía eléctrica. Ni el Plan Galicia del PP, ni gaitas. Hemos quedado marginados, como prueba que hasta el presidente Touriño ha cambiado de bando esta semana. Después de tres años en los que los dirigentes del PSOE y del BNG (que los refrendó en el Congreso) celebraban las aportaciones al tren gallego en los presupuestos del Ministerio de Fomento de Magdalena Álvarez, el presidente de la Xunta ha sustituido la autosatisfacción por la denuncia pública: «Este país non pode esperar máis polo AVE». ¿Y Cuánto habrá que esperar? Los videntes afirman que la mayoría de los clientes no acuden a ellos para conocer el futuro, sino que lo hacen como quien solicita una sesión con un psicólogo. Sin embargo, Galicia no necesita tratamiento para sobrellevar una nueva marginación -ya tenemos callo-, sino una expectativa realista. La situación de partida para el vaticinio es la que sigue: Entre A Coruña y Vigo sigue habiendo tramos sin proyecto siquiera, y sobre la electrificación de los que están en construcción nada se sabe o ya nada se espera. De Santiago a Ourense, al margen del culebrón de la mina de Villar Mir en Boqueixón, la línea se construye a cachos después de que la ministra suspendiera la adjudicación de varios tramos en los que no se han ni expropiado las fincas. La conexión con la Meseta, la arteria sin la cual no funciona el sistema, estuvo enterrada tres años en los cajones ministeriales, y el proyecto todavía no se ha licitado. De las estaciones por las que pasaría el nuevo ferrocarril sólo se sabe que algún día habrá un arquitecto que las diseñe, unos obreros que las construyan y presupuesto que las sufrague. ¿Vaticinio? La odisea de la alta velocidad gallega no llegará a su fin hasta... 2020. Pero incluso esa fecha para desterrar la marginación ferroviaria puede ser ciencia ficción.