Sus objetivos son proporcionar un molusco de calidad a los productores y repoblar el litoral Logran un bivalvo inmune a la bonamiosis, el parásito que cercenó los bancos naturales
21 oct 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Quien se dedica al cultivo de la ostra conoce bien la bonamiosis, una enfermedad propia de este bivalvo que sin duda le habrá ocasionado algún que otro quebradero de cabeza. Efectivamente, la bonamia ostrae es un mal causado por un protozoo que vive dentro de las células que se encargan de la defensa del molusco. Es algo así -explica gráficamente Antonio Villalba, investigador del Centro de Investigacións Mariñas- como el sida con respecto a los humanos. La bonamiosis afecta a la ostra plana, la más frecuente y también la más apreciada en Galicia. Hasta tal punto llega a ser letal que esa epidemia es la responsable de la práctica desaparición de los bancos naturales que existían en Galicia, mientras que las mortalidades en la ostra cultivada llegan a alcanzar el 90%. Este negro panorama fue el que impulsó a dos investigadores del CIMA de Vilanova de Arousa, Antonio Villalba y José Fuentes, a intentar buscar una solución. La investigación comenzó en el año 2000, inspirada por algunos proyectos que en EE. UU. e Irlanda se basaban en seleccionar una estirpe resistente a la enfermedad. «En una primera fase intentamos determinar si existía variabilidad en cuanto a la resistencia a la enfermedad entre distintas familias de ostras», explica Villalba. Si efectivamente lograban demostrar que algunos bivalvos eran más resistentes que otros, entonces sería viable iniciar un programa de selección. Así comenzó un trabajo cuyas primeras conclusiones fueron muy prometedoras, puesto que se logró demostrar que las ostras se comportaban de manera diferente no sólo en relación con sus poblaciones de origen, sino también entre unos padres y otros. Así las cosas, los científicos estaban en condiciones de dar un paso adelante y poner en marcha una experiencia que primase a los individuos más resistentes al parásito. «Vimos que había unas poblaciones más favorables que otras y unos padres más favorables que otros, así que en el 2004 comenzamos a reproducir familias en criadero». Para desarrollar este programa se trabajó con ostras de Irlanda y Grecia y también de Ortigueira y Coroso. «Vimos que la más favorable era la de Ortigueira y, en segundo lugar, la de Coroso». Por lo tanto, las de origen gallego. A partir de ahí la investigación continuó con la selección de las mejores familias. Tras una primera fase en la que no se logró la producción de semilla, a finales del 2004 los técnicos comenzaron a trabajar en un criadero instalado en el propio CIMA. Lograron entonces reproducir doce familias que fueron trasladadas a una batea en septiembre del año pasado. A partir de entonces sólo quedaba esperar. Hace unas semanas revisaron las cestas y observaron que el comportamiento de las familias seleccionadas es mucho mejor que el de las demás. Sin embargo, habrá que aguardar hasta la próxima primavera para obtener los resultados definitivos. Será entonces cuando se compruebe si estos investigadores han conseguido aislar la que ya se ha comenzado a llamar la superostra , aunque ellos prefieren conformarse con un término más modesto: ostra seleccionada. Si efectivamente las conclusiones son las esperadas, los investigadores podrán ver cumplido su doble objetivo. Por una parte, producir una o varias estirpes de ostras de calidad y proporcionarlas a los cultivadores. Por otra, repoblar el litoral gallego, en el que esta especie, antaño muy abundante, se ha convertido prácticamente en una reliquia. La espera durará unos meses, pero «si en primavera del 2007 demostramos que va bien, ya tendríamos que entrar en una fase industrial», concluye Antonio Villalba.