Juicio popular a Juan Lado

GALICIA

CHECHU RÍO

TODOS somos Juan Lado desde que la canallada que le hizo a su perro se ha convertido en la coartada para alimentar esta semana el estereotipo del gallego rudo, analfabeto potencial y evolutivamente atrasado.

16 sep 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Violento con los animales y sanguinario en la matanza del cerdo. Según parece, los gallegos somos un eslabón perdido porque un vecino de Aguiño enseñó a medio mundo su crueldad infinita con un perro que le había comido unos patos. Las televisiones descubrieron a la primera que la emisión de las imágenes de Juan Lado zumbando en su pastor alemán subían la audiencia. A más palos, más españoles conectados a la televisión, así de triste y así de fácil. Los presentadores dramatizaron toda la semana sus gestos antes de dar paso a la repetición de la paliza, más reiterada que el gol de la jornada. Hasta Mercedes Milá cambió su cruzada contra el tabaco por la del perro de Juan Lado. La ola ha seguido creciendo hasta parecerse a una marea negra, manifestaciones incluidas. Cuando el pobre perro genera más adhesiones y provoca más generalizaciones que un indigente apaleado o que el suma y sigue en la lista de mujeres maltratadas, algo no funciona. Con todo el respeto a los perros que he tenido a lo largo de mi vida, creo que la violencia a los animales no debiera escandalizar ni movilizar a una sociedad más que la violencia que todos los días se manifiesta entre los de nuestra propia especie. El juicio popular al hostelero de Aguiño ha derivado en generalizaciones hechas desde fuera y también por parte de muchos gallegos sobre esa conducta bruta e incivilizada que, según parece, nos caracteriza a todos, o cuando menos, a los lugareños de áreas dispersas; zonas rurales donde históricamente al perro se le exigieron más labores de guardián que de animal de compañía, por cierto. La paliza, sazonada con problemas de lindes entre los vecinos y con algunos del pueblo de parte del agresor de canes, es una historia que se le ajusta como anillo al dedo a quienes gustan en convertir a Lado en el paradigma de una Galicia violenta y atrasada. Es injusto. Hace sólo unos meses, unos niños bien de barrios ricos de Barcelona grababan sus expediciones nocturnas para apalear a indigentes que dormían a la intemperie. Se descubrió su afición cuando con un pobre alcohólico se ensañaron hasta matarlo. En cambio, no se escucharon generalizaciones gratuitas sobre, por ejemplo, una supuesta violencia de clase de los cachorros de la burguesía catalana.