Reportaje | Detenido por cumplir con un rito La tradición de los peregrinos de quemar sus ropas viejas en el cabo Fisterra origina un incendio forestal y provoca el procesamiento de un caminante belga
30 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.Hay muchas tradiciones que no están exentas de cierto riesgo y ya se sabe que cuando se trata de jugar con fuego alguno puede salir quemado. Eso es lo que le pasó días atrás a un peregrino belga que, sin otra intención que cumplir con el viejo e inocente rito de completar el Camino de Santiago alcanzando el Finisterre -es decir, el cabo Fisterra- y quemando allí sus viejas ropas, vio cómo las botas provocaban un incendio forestal y le procuraban un pequeño problema legal. Es verdad que existe un espacio habilitado para esa tarea purificadora a pocos metros del famoso faro, pero no es menos cierto que aunque son muchos los que optan por prender fuego a sus vestimentas en cualquier sitio, y especialmente cerca del mar, casi nadie acaba detenido y con el deber de comparecer ante la Justicia. Pero en esta situación se encuentra ahora Denis J.?L.?S., de 37 años, que ha visto como la paz celestial que, al parecer, embarga a los que culminan la ruta jacobea, en su caso ha dado paso rápidamente a una preocupación muy terrenal. Los hechos ocurrieron cuando caía ya la noche del miércoles y el fuerte viento convertía los restos de su maltrecho calzado en un artilugio incendiario. El propio pirómano accidental fue el primero en intentar remediar la situación, pero las llamas hicieron necesaria la intervención de las brigadas de la Xunta, de los voluntarios del Grumir de Cee y -para disgusto del peregrino- de los agentes de la Guardia Civil. El fuego no quemó más que una pequeña extensión de monte raso, pese a reproducirse al día siguiente, y los miembros del personal de emergencias no dudaron en quitarle hierro al asunto. Pero los agentes del instituto armado, más estrictos que comprensivos, cubrieron el parte correspondiente y sus compañeros del Seprona pusieron los hechos en conocimiento del juzgado. Desde la Guardia Civil recordaban ayer con cierta sorna el suceso, y en un comunicado explicaban que «ante tan flamígero final, las moléculas del Gore-Tex -en referencia al material con el que está confeccionado el calzado- se revelaron contrarias al viejo rito pagano y desencadenaron una tórrida llamarada», y que «las botas del peregrino, probablemente emulando a las de las mil leguas, tomaron vida y conciencia en la tierra de las meigas». Pero lo cierto es que Denis ha tenido que interrumpir su viaje y se ha convertido por unos días en un habitante más de la cercana localidad de Cee. Tras prestar declaración en el juzgado de Corcubión y ser puesto en libertad con cargos, el alcalde ceense accedió el jueves a darle cobijo en el albergue municipal, de cuya gestión se encarga precisamente el Grumir, a la espera del juicio rápido que se celebrará la próxima semana y en el que el acusado espera poner fin a su particular peregrinaje.