La playa codiciada

LOIS BLANCO

GALICIA

M. MORALEJO

NIGRÁN es sobre todo playa América. Un arenal orientado hacia las Islas Cíes con accesos directos a la autopista, microclima, aguas templadas, Baiona al sur, Monteferro al norte y Vigo a quince minutos.

10 jun 2006 . Actualizado a las 07:00 h.

Una perla a la que, como en todas las buenas historias de tesoros, les faltaban los bucaneros. Pero los vecinos creen que ya los han avistado. Varios directivos del Celta, que tuvieron al alcalde de Nigrán en nómina hasta hace un par de semanas en su condición de director general del club, decidieron echarse al campo en tropel y comprar antiguos maizales, pastos abandonados, monte raso y fincas catalogadas como rústicas o con una edificabilidad muy limitada en el municipio. Podría parecer que querían orientar su vida hacia la producción agrícola, pero resulta que les cayó el bingo. Los más de cien mil metros cuadrados que adquirieron aparecieron recalificados en el plan urbanístico que pretendía aprobar su amigo el alcalde de Nigrán, si los vecinos no le reventaran un pleno y si la madeja de intereses personales no comenzara a desenredarse esta semana. La mayoría de las compras, según datos del Registro de la Propiedad publicados por La Voz, se ejecutaron coincidiendo con los años de redacción del plan; durante el tiempo en que el contenido no se hizo oficial a los vecinos y propietarios de a pie de Nigrán, si bien las decisiones ya estaban tomadas. Aunque usted sea bien pensado, concurren las condiciones objetivas para sospechar que ha habido un abuso de información privilegiada en una sucesión de operaciones inmobiliarias millonarias. Información sobre la que tenía control el alcalde, al que Núñez Feijoo debería de enviar a casa en las próximas elecciones si pretende un resultado digno en el concello. El plan urbanístico fallido de Nigrán es la punta del iceberg. La confirmación de un ruxerruxe que se extienden por casi todos los municipios de la costa: inversores supuestamente anónimos o alguna de las miles de inmobiliarias surgidas en Galicia adquieren terrenos a precios de suelo rústico que luego son recalificados como edificables. Que en Nigrán se haya realizado a pecho descubierto, sin testaferros o sociedades interpuestas que amparasen la identidad, muestra cierta ingenuidad de sus protagonistas. Pero ante todo confirma que el sistema no funciona, que está viciado de raíz por la excesiva autonomía en las decisiones urbanísticas de los alcaldes, muy pocos de los cuales pueden jurar que no han sido tentados alguna vez por la codicia desmedida de otros. El drama es que la especulación del suelo se ha convertido en la vía de ingresos más rápida de unos ayuntamientos gallegos endeudados hasta las cachas.