El vecino triste

LOIS BLANCO

GALICIA

EN MARZO Cavaco Silva será investido jefe de Estado de los vecinos. Los portugueses lo votaron en masa hace unas semanas en un acto de fe, como cuando peregrinan a Fátima.

25 feb 2006 . Actualizado a las 06:00 h.

Metieron en la urna la papeleta de Cavaco como quien pone una vela para que se haga el milagro. El político liberal gobernó Portugal en los años de mayor prosperidad que recuerdan unos vecinos ahora tristes, con la identidad difuminada y, sobre todo, empobrecidos. Cavaco gobernó en Portugal como primer ministro durante casi el mismo período que Felipe González en España, entre 1984 y 1996. Como le ocurrió al andaluz, los mandatos del liberal luso coincidieron en el tiempo con riadas de millones procedentes de la UE, institución en la que el país vecino se integró el mismo año que España. El recuerdo nostálgico que tienen los portugueses de la primera mitad de los noventa ha derivado en un anhelo. Llevan años metidos en una recesión económica. Padecen un déficit público disparatado y las previsiones no mejoran: la UE calcula que Portugal tendrá este año un crecimiento cinco veces menor que el español. Hace veinte años integró con España, Grecia e Irlanda el pelotón de la UE bautizado como el de los países de la cohesión. Pero fue el que menos convergió de los cuatro. En esto le pasa como a Galicia, cuyo ritmo de convergencia con la Unión mejora porque han ingresado las ex repúblicas soviéticas y han empobrecido la suma del conjunto. En recesión económica, con un peso demográfico insignificante (diez millones) para tener voz con eco en la UE y, como Galicia, en una periferia rodeada por nada más que mar, Portugal recurre a Cavaco con la desesperación de quien utiliza la última bala. Sin embargo, el milagro económico del Cavaquismo tuvo su razón de ser en los fondos que ingresó de la UE desde 1986 para pagar subsidios, construir autovías, hospitales y colegios o adecentar sus ciudades. Como Galicia, no dejará de recibirlos, pero tendrá que compartirlos con los países del Este. El Gobierno vecino está tan a dos velas que el jueves se negó en una reunión con la Xunta de Touriño a ponerle una fecha a la construcción de un ferrocarril moderno que una a los atlánticos del norte con los del sur. En época de habas contadas, los portugueses no nos encuentran atractivos. Destinarán sus esfuerzos económicos a construir una salida a Europa en AVE, enlazando Lisboa con Madrid por Extremadura. Al fin y al cabo, aquí, al norte, somos menos de tres millones de habitantes y, a muchos años vista, seguiremos aislados de la Meseta y por lo tanto de Europa, en términos ferroviarios. La crisis aguda de saudade que padecen nuestros vecinos los ha hecho muy prácticos. Primero Madrid; Galicia, ya se verá.