El cielo caerá sobre las cabezas

La Voz

GALICIA

El temor de Abraracúrcix tiene base científica, pero las posibilidades son remotísimas. Dos físicos las han calculado y las publican en «Nature». El Juicio Final está muy lejos

14 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

Existe una posibilidad entre mil millones de que el día del Juicio Final o, si se quiere, la destrucción del mundo, se produzca por culpa de extraordinarias reacciones de rayos cósmicos, y una entre un millón de millones (un billón) de que la causa proceda de un experimento con partículas de altas energías. En otras palabras: de su colisión en un acelerador de partículas, esos monumentales y escasos túneles bajo tierra donde los mejores científicos del planeta analizan los misterios de la vida. ¿Y cómo será ese bang ? ¿Con ángeles tocando las trompetas, que anunció Mateo? Es posible, pero los físicos analizan otras contingencias. El tema no es nuevo. Hace unos cinco años, cuando se inauguró en Long Island (Estados Unidos) el Colisionador de Brookhaven -en el que chocan iones, que son átomos a los que les faltan electrones-, los políticos encargaron a los técnicos que analizasen las posibilidades de que se produjera una gran catástrofe, para demostrar que el riesgo era ridículo. Lo hicieron gente como el Nobel Wilczek, el español Álvaro de Rújula o Martin Rees, quien por cierto ha publicado Nuestra hora final , en la que, para goce de los pesimistas, indaga en todas las fórmulas posibles de destrucción de la Tierra. Y, en efecto, las posibilidades eran remotas, casi inexistentes, y en todo caso menores que las de una amenaza del espacio. Pero eran tres. Una: que se produjese un agujero negro, que iría absorbiendo toda la materia que se encontrase. Néstor Armesto, del departamento de Física de Partículas de la Universidade de Santiago, cree que probablemente se desvanecería al poco tiempo. Mar Capeáns, compostelana, primera española en la plantilla del CERN, el gran acelerador europeo -que inspira una de las novelas de Dan Brown, Ángeles y Demonios, donde habla de Iluminados y bombas de antimateria- en el que también colisionan átomos, opina que este efecto catastrofista está «cogido por los pelos». Otra posibilidad para el Juicio Final: la creación de la llamada materia extraña , curioso fenómeno que provoca una mutación en cadena de todo lo que hay. Y la tercera: el vacío más absoluto, formando una burbuja que correría a la velocidad de la luz y colapsaría el universo. No nos enteraríamos. La novedad es que estas tres posibilidades han sido analizadas de nuevo por un físico del MIT y otro de Oxford, tomando nuevos parámetros de medida y basándose en el nacimiento tardío de la Tierra, 9.000 millones de años después del big bang ; anteayer, en términos cósmicos. Han publicado sus resultados en Nature , con las ya referidas mil millones y un billón de posibilidades según se mire. Una eternidad. Dice Capeáns que lo realmente catastrófico no es la colisión de iones pesados o partículas, «sino la colisión entre los problemas ambientales y los sociales, la pobreza. Cuando colisionan estos factores, uno se pregunta cuánto nos queda de vida». También desde el CERN, el compostelano Marcos Mariño cree que hay más catastrofismo en lo que hace la Casa Blanca que en los impactos de los átomos.