Promesas de pago incumplidas y pesca escasa cristalizaron en un amago de motín que se saldará con el reparto del dinero de la subasta del botín: 120 cajas de pescado.
09 dic 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Una vez en tierra y con una noche de sueño reconfortante de por medio, los ánimos de los marineros del Urgain Bat amanecieron más templados. Después de la huelga de redes caídas que forzó la salida de Gran Sol y el regreso del palangrero a puerto, cuando todavía faltaban 15 días de campaña, el conflicto laboral se reconduce por las vías ordinarias: denuncia en Magistratura de Trabajo por parte de los marineros; y promesa de abono de las cantidades adeudadas por parte del armador. Ambas partes han necesitado la medicación del sindicato CUT para dialogar entre ellos y forzar una reunión, que tendrá lugar a principios de la próxima semana. Xosé Manuel Romero, sindicalista mediador en el asunto, explicaba ayer que el armador se ha comprometido a pagar a los trabajadores «con lo que quede del dinero obtenido en la subasta de las 120 cajas de merluza que traía el barco en sus bodegas». Antes, el propietario del barco «hará números» -dice el sindicalista-, ya que, de las ganancias (cantidad que ninguna de las partes ha querido revelar), habrá que restar los gastos de combustible y víveres, entre otros. Al menos eso es lo que dice la compañía armadora. Tercera tripulación Pero los marineros no las tienen todas consigo. Dicen que son la tercera tripulación contratada en el plazo de dos meses y que, si desconfían «por algo será». De momento, sus expectativas no se están cumpliendo. La mercancía salió del barco y entró a subasta sin que nadie pudiera impedirlo. Aseguran que alguien les prometió que el dinero de la venta quedaría confiscado en la lonja hasta que la armadora saldara cuentas con ellos. Pero si en algún momento alguien hizo esa promesa, tampoco se cumplió. Los marineros están muy molestos con el comportamiento de la armadora, por acusarles abiertamente de haber organizado un motín a bordo del barco. Ellos lo niegan. Aseguran que en ningún momento se hicieron con el mando del palangrero, y sostienen que si volvieron a puerto antes de tiempo fue «porque no se estaba pescando nada». ? Mientras, el armador hace cábalas para cuadrar unas cuentas que no salen. El pesquero regresó al puerto de Vigo con un 20% de la carga que debería haber pescado al final de la campaña, el 23 de diciembre. Eso supone pérdidas económicas irrecuperables, ya que la merluza que iban a pescar durante esos días pertenecía a la cuota adelantada para el 2006.