El mundo a los cuatro vientos Centenares de fanáticos de «La guerra de las galaxias» esperaron durante 19 días en Nueva York para ser los primeros en ver «La venganza de Sith»
18 may 2005 . Actualizado a las 07:00 h.A la hora bruja, las doce en punto de la noche, llegaba a las pantallas de todo el mundo el estreno planetario de La venganza de Sith. El último capítulo de La guerra de las galaxias, que se proyecta hoy en España, hizo sembrar ojeras en varias ciudades norteamericanas que adelantaron la premiere al primer minuto del jueves. El cine Ziegfeld de Nueva York fue uno de los que trasnochó para poder mostrar la transformación de Darth Vader a partir de la medianoche. A sus puertas, que se abrieron dos horas antes de la proyección, cientos de fanáticos procedentes de todo el mundo hicieron ondear sus espadas láser mientras enseñaban su ticket a modo de trofeo. No es para menos, la mayoría de ellos han tenido que esperar varios días a la intemperie para conseguir una entrada, aunque nadie tuvo que pasar por la taquilla. Lo cierto es que ha sido una oenegé, llamada Starligth Children, la encargada de repartir más de 500 entradas entre los seguidores del filme. La organización, que se hizo con las entradas con anterioridad a que éstas se agotaran dos meses antes del estreno, no las puso a la venta pero hizo pagar un precio bastante alto a los que quisieran un boleto: su paciencia. Con un sistema por puntos, a 60 puntos la entrada, cada persona debía permanecer como mínimo 24 horas en la fila para poder hacerse con el preciado papel. Aunque existen algunas excepciones como Janette Laird, que viajó desde Londres junto a su marido para ponerse a la cola. «A nosotros nos las dan solamente por el viaje, pero casi nos sale peor porque tuvimos que pedir una semana de vacaciones para poder llegar a tiempo», comentaba la mujer mientras cierra su tienda de campaña situada en plena acera de la calle 54. No es la primera vez que el matrimonio cruza el charco por «la fuerza». En 1999, también asistieron al estreno del capítulo uno, La amenaza fantasma. Sin trabajo La obsesión por ser el primero en ver las imágenes no sólo puede costarle a uno dinero, también puede costarle el trabajo. Es el caso de Juan Ureña, un dominicano seguidor de la saga desde 1977 que llegó a dejar su puesto en la Marina para asistir al estreno de El retorno del Jedi. «Yo ya estaba un poco cansado de la Marina y encima me iba a quedar sin ver la película, así que elegí sólo combatir con espadas láser», contestó entre risas. Ureña, que forma parte de la asociación de fans New York Line, encargada de organizar el evento, ya posee un nuevo trabajo como repartidor que lo deja libre a las 7 de la tarde para reunirse con el resto de los seguidores de la serie. La mayoría de ellos se han pasado los días delante de dos televisores, instalados en la puerta del cine, en los que se podían ver seguidos los cinco capítulos anteriores. Otros preferían emular a sus ídolos espada en mano y simulaban peleas de jedis. Es el caso de Amit Saxena, procedente de Suiza, y sus amigos. Para ellos, estudiantes en Harvard, « La guerra de las galaxias es un ejemplo mitológico del bien y del mal de la tradición grecorromana». Tesinas aparte, el interés por la saga se puede medir mejor en los números de la fila. Más de 300 personas de 19 países diferentes esperaron por su entradas. Gracias a esa gente, de sitios tan dispares como Brasil, Alemania o Australia, la organización logró reunir 20.000 dólares para su causa. Por otra parte, algunos veteranos, como J. Smith, confiesan haber pasado los 19 días enteros en la cola.