LA PRIMERA gorila-probeta del mundo, Timu, de nueve años, dio a luz hace un par de semanas a una cría que cuidó con afecto. Pero su instinto maternal duró sólo unas horas.
16 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.Los científicos del zoo de Nebraska ya se lo esperaban. En agosto del 2003, la gorila parió a su primer hijo, Bambino, y también lo rechazó. Timu no tiene desarrollado el instinto maternal, porque al nacer la separaron de su madre y fue criada por los cuidadores del zoológico. A lo largo de los nueve años de existencia de la gorila-probeta, nuestra esperanza de vida continuó una imparable senda alcista. Un recién nacido puede ahora aspirar a durar cien años, mientras que otro que saliera al mundo hace un siglo sobrepasaría a la media sólo con llegar a los treinta y cinco. Pero la racha parece que se ha quebrado. Endocrinos gallegos advirtieron hace un par de días que, por vez primera en la historia evolutiva del ser humano, se va a producir en este siglo una reducción de la esperanza de vida. O sea, habrá más gente que muera más joven y bajará la media. Los endocrinos calculan que se reducirá en dos años al final del siglo y que la culpable será la obesidad, que afecta a más del 15% de la población y está provocada en una mayoría de casos por el sedentarismo y la mala alimentación. La gordura desmedida ha estado reducida durante mucho tiempo a un problema estético, en vez de médico. ¿Alguien ha visto alguna vez a un obeso en un anuncio de alimentos precocinados, de yogures, de sopas en tetrabrik o de bollería industrial? En el mundo de la publicidad, sólo existen flacos y flacas, generalmente de delgadez extrema. Sin embargo, la obesidad es mucho más que la antítesis de un canon de belleza impuesto por la moda y, por tanto, temporal. A paso lento, se está mostrando como una epidemia mundial, sobre todo entre la población infantil. En España se han anunciado en medidas preventivas para frenar la incidencia entre los niños. Se prohibirán las máquinas expendedoras de comidas industriales en los colegios, y se negocia con los fabricantes una reducción de las grasas animales en los alimentos infantiles. Quizá también se pueda incluir en el paquete de iniciativas la propuesta habitacional de la ministra Trujillo, porque en pisos de 25 metros cuadrados cualquier centímetro de más molesta una barbaridad. Si se cree a los endocrinos, parece imposible que durante veintiséis años de democracia se haya reformado media docena de veces el sistema educativo pero nunca jamás se haya prestado atención a la alfabetización de los escolares en el ejercicio físico. La nueva reforma en trance vuelve a servir, una vez más, para enfrentar a unos con otros a cuento de la asignatura de religión. Sin embargo, cada año que pasa, cada reforma que se desaprovecha, los niños se sientan siendo más niños a ver la televisión, el ordenador o el video juegos. Ceñir la enseñanza a los conocimientos y los valores sociales, pero relegar las clases de educación física a treinta y cinco horas al año es una muestra de ceguera de los sucesivos ministros y ministras. No hace tantas generaciones, el ejercicio físico era el único juego de la infancia. Correr, un instinto que se aprendía de todos los demás miembros de la tribu por ser necesario para cazar y para huir de los depredadores. Como la gorila-probeta Timu que no cuidó a su cría porque su madre no la crió a ella, ningún niño va practicar el ejercicio físico en vez de la lucha de samurais en la Playstation si en la escuela sólo se le ayuda a desarrollar el instinto del deporte con una hora de gimnasia a la semana.