Los diputados gallegos se estrenaron ayer con cuatro escalas, en Corrubedo, Sálvora, Ons y Cíes, y una parada estratégica en Portonovo para dar cuenta de una caldeirada.
04 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.La comisión parlamentaria que investiga las causas de la catástrofe del Prestige mudó ayer las paredes de O Hórreo por los espacios abiertos de los parques de Corrubedo, en Ribeira, e Illas Atlánticas. Y la primera de las cuatro maratonianas jornadas que aguardan a los diputados embarcados en tan compleja misión se presta a interpretaciones en clave marxista. Visto lo visto, parece claro que la dialéctica entre el presidente del comité, Jesús María Fernández Rosende (PP), y Bieito Lobeira (BNG) constituye el auténtico motor que anima las pesquisas de sus señorías en el empeño por rastrear los efectos del chapapote. Del diálogo entre ambos parlamentarios surgieron los mejores momentos y las más audaces intentonas de un viaje en el que PP (cuatro representantes) y BNG (tres) superaron claramente al PSOE, que dejó en solitario a Xosé Manuel Lage la tarea de dar voz a los socialistas gallegos. «Bieito, fai un castelo na area», le espetó Rosende a Lobeira en plena laguna de Carregal, un espacio más castigado por los sentinazos como el de la semana pasada -el parque natural de Corrubedo sigue en alerta tras recoger una docena de aves petroleadas entre la Costa da Morte y la isla de Sálvora- que por la pegada del fuel, transcurridos ya dos años y medio desde los peores momentos de la crisis. El diputado nacionalista supo esperar su momento, que llegó por la tarde, en la playa de Canexol, en Ons, donde los comisionados descubrieron las primeras manchas de chapapote. «Non teñas tanta presa, Rosende, non tiñas tanta presa cando xantamos en Portonovo», replicó entonces Lobeira. El programa del día marcaba avituallamiento en Ons. Pero a estas alturas del año no hay en la isla quien sirva veintitantos menús sin previo aviso. Así que la comitiva dio un golpe de timón y se dirigió a Portonovo, donde empleó dos horas -el mismo tiempo que en inspeccionar Ons y Cíes- en dar buena cuenta de una caldeirada de raia. Lo que parecía un frívolo abandono a los más parrandeiros instintos del país y la enchenta en plan rasgo diferencial, se desveló, sin embargo, como una escala estratégica imprescindible. Porque poco después, al arribar a Cíes, los muchachos de Parques Nacionales castigaron duramente a los diputados con un paseo montaraz arriba y abajo que ya quisiera Paula Vázquez para los casposos famosetes de su isla. Allí, con Vigo a la vista, se produjo el segundo topetazo con el fuel. Doscientos metros cuadrados de rocas librados a la experimentación del Instituto de Investigacións Mariñas con diversas técnicas de biorremediación. Técnicas con las que, por cierto, Rosende y Lobeira se habían atrevido horas antes, en el capítulo más arrojado de la excursión. El popular, impecable en su atuendo deportivo, y el nacionalista, de rigurosa chupa de coiro, fletaron una zódiac para comprobar el trabajo de las bacterias sobre las rocas de Sálvora. Lástima. Se echó en falta un microscopio.