«He decidido viajar hasta los extremos confines de la Tierra».
03 abr 2005 . Actualizado a las 07:00 h.«Quiero acercarme a todos, a los que rezan y donde rezan? Al beduino en la estepa, a la carmelita o al monje cisterciense en sus conventos; al enfermo en su lecho de sufrimiento, al oprimido, a los humillados? a todos y por doquier. Desearía traspasar el umbral de todas las casas? He decidido viajar hasta los extremos confines de la tierra», así se expresaba Juan Pablo II, estrenando su largo pontificado. Y no estaba exagerando. Su antecesor, Pablo VI había inaugurado el hábito de los viajes con una visita histórica a Tierra Santa durante el Concilio Vaticano II. Después hizo ocho más. Pero fue Wojtyla quien, apenas llegado al trono de Pedro, comenzó la reapertura de la Iglesia hacia el mundo, con espíritu misionero. El Papa había heredado el plan del viaje que preparaba Pablo VI: una visita a República Dominicana y a México. Era enero de 1979, nadie creía que la experiencia saliera bien, porque en el laico México hasta la ropa talar tenían prohibida los sacerdotes. Pero salió bien, como la posterior a Polonia, su país, donde daría espaldarazo al sindicato Solidaridad y el empuje para el comienzo del cambio en el bloque del Este. Eran sus primeras salidas al extranjero, después seguirían, país a país hasta llegar a 135, ciento cuatro viajes, más de 1,3 millones de kilómetros recorridos. Batiendo récords como Papa viajero. En 1994, sufre una caída de consecuencias graves al resbalar sobre el piso mojado al salir de la ducha, y fracturarse el fémur derecho. Le implantaron una prótesis, y desde entonces ha debido resignarse al uso intermitente del bastón, y aminorar su paso. Ese bastón se convirtió en un preludio de todos los artefactos que ha tenido que usar para poder llegar a sus feligreses. Y ni el deterioro progresivo de salud y de su envidiable fortaleza física le hicieron desistir.de la evangelización en vivo y en directo, aunque si desistir de escalar montañas, esquiar....