De la cuadra a la granja La fractura generacional provocada por el éxodo del campo fue como una peste. Pero allí donde los jóvenes toman el mando surgen oasis de transformación de la economía agraria
24 mar 2005 . Actualizado a las 06:00 h.La cultura económica más antigua de la humanidad es la agraria, por tanto también es la que ofrece una mayor resistencia al cambio. La inmovilidad de los padres se ha sustituido en Galicia por el afán modernizador de los hijos. Son excepciones, porque lo habitual en la sociedad agraria es la ruptura generacional: los jóvenes cortan lazos con el trabajo de sus padres, se desplazan a áreas urbanas y los campos quedan baldíos. Sin embargo, cuando no hay la fractura, surge un modelo de explotación con capacidad competitiva, porque los jóvenes que ahora se quedan en el campo no se resisten al cambio, sino que lo lideran. La vaca pudo ser un animal totémico para los gallegos que compartían vivienda con un par de ellas. Aún quedan cuadras debajo de los dormitorios en casas del rural habitadas por ancianos. Pero el paisaje agrario no es folclore y la vaca tiene de totémica para un productor intensivo de leche lo que un pollo para una cooperativa de Coren. En torno al bovino gira la mayor actividad económica ganadera y agrícola de Galicia. La incapacidad para introducirse en una economía de mercado echó por tierra durante los años sesenta y setenta el predominio absoluto de Galicia en el sector: en 1967 pastaban en las cuatro provincias el 28% de las vacas españolas; en el 2003, el millón largo de cabezas sólo representa el 16% del total nacional. El minifundismo, la precariedad del asociacionismo y el inmovilismo pasaron factura. Las pequeñas explotaciones de carne y vacuno continuarán cerrando, pero una nueva generación de ganaderos intenta competir con la antítesis de lo que ha ocurrido históricamente en el rural gallego: capacidad de producción elevada, cooperativismo para la comercialización y financiación bancaria para modernizar las instalaciones. De 26 a 33 litros por cabeza La ruptura generacional de padres a hijos no se iba a consumar hace un par de años en cuatro explotaciones de leche de la parroquia de Crecente (A Pastoriza, Lugo). Había herederos que seguirían con la modalidad ganadera más ardua, sometida a los horarios de dos o tres ordeños diarios todos los días del año, sea domingo o Navidad. Celso Folgueira (actualmente con 32 años), Óscar Ferreiro (24), Antonio Murado (29) y Alberto Rodríguez (27), además de vecinos de Crecente e hijos de ganaderos, eran compañeros de pandilla con un deseo compartido nada habitual: vivir donde habían nacido. «Falábamos do tema moitas veces e víamos que o mellor era xuntar as catro granxas paternas, ata que ao final nos decidimos». Cuando sus padres se jubilaron, se asociaron, pidieron un crédito y construyeron una única granja. Sumaron la cuota de leche heredada de las cuatro (837.000 kilos) y ahora producen 1.328.000 kilos. Elevaron el número de reses productoras a 170, pero el impacto de la innovación se mide mejor al comparar los litros de leche que salían de las ubres de las vacas cuando llegaron de las explotaciones familiares con los que generan dos años después. Pasaron de una media de 26 o 27 litros por cabeza a 33,5. El secreto se esconde en tecnología avanzada, alimentación más completa y un mayor confort para el día a día de la res. En definitiva, ser ganaderos a la europea. Los cuatro socios de la Sociedad Agrícola de Transformación (SAT) Cabana tienen cursos de capacitación agraria, pero sobre todo ansias por mejorar la productividad. En las próximas semanas comenzarán a enviar a Navarra las crías que hayan elegido para el engorde, y sumarlas así al grupo de vacas productoras de leche. En su granja necesitan en torno a 27 meses para que la res comience a producir leche. Un centro especializado navarro adelanta en cuatro meses el tiempo de espera: ganan 120 días de ordeños. Cada jornada, un camión acude a la granja de Crecente y se lleva para la multinacional que comercializa President 4.500 litros de leche. Los hijos asociados no ingresan lo mismo que sus padres por separado. El precio al que se paga la leche a los ganaderos varió durante el 2004 hasta ocho céntimos, según fuera recogido en explotaciones pequeñas o grandes. A más litros, mejor precio, porque el comercializador ahorra costes de transporte cuando en un único lugar reúne la misma cantidad que zigzagueando por las pistas que conducen a una decena de explotaciones pequeñas. Celso, Óscar, Antonio y Alberto confían en tirar para adelante, aunque silban y se miran al recordarles las deudas financieras. «Estamos contentos porque sabemos que o risco é necesario se queres mellorar -resume el mayor de los cuatro socios-. Aínda que as administracións podían axudar ben máis» Más carne, mejor precio El padre de Roberto López cerró su pequeña explotación lechera en Pontecarreira (A Coruña) a pesar de que su hijo también es ganadero. «Se eu quería seguir o negocio familiar tiña que empeñarme para comprar cuota de leite e ampliar a granxa, así que optei por arrendar unha explotación de carne que coñecín mentres traballaba para Ternera Gallega». Con 24 años y estudios en la rama agraria de FP, López Sueiro gestiona una granja de 120 vacas reproductoras, acogida a la calidad Suprema de la denominación Ternera Gallega. Desde hace varios meses, ensaya un compuesto alimenticio propio (maíz, soja y hierba seca) para combinar con el pasto. «Intento reducir costes innovando e, á vez, reducir a alimentación con piensos», razona. La carne de bovino se paga mal en los últimos meses, pero él se muestra seguro de que con una comercialización asociada los ganaderos tendrían más capacidad de maniobra ante los distribuidores. En las últimas semanas, entabló contacto con otros productores de las comarcas de Arzúa y Melide adscritos a la denominación de origen para constituir una cooperativa sin ánimo de lucro. «A maior volume de producción, sempre poderemos negociar mellor cos compradores». Roberto López es consciente de que vive en el reino del minifundismo y el individualismo. «As cousas xa non son como eran en canto ao asociacionismo. A mentalidade da xente mudou, pero aínda falta facer a tortilla polo outro lado». El suyo es un tono de pesimismo contenido, porque se tropieza con más dificultades de las que imaginaba para crear una asociación para la distribución venta conjunta de las granjas del sureste de A Coruña acogidas a la denominación de origen. Las células también cuentan Al oeste de la misma provincia, en Bergantiños, en el SAT Finca A Cortiña la transición generacional no supone la sustitución del padre por el hijo, sino la suma. Rafael Amarelle, de 26 años y con estudios en el Centro de Investigación de Mabegondo, aporta la innovación y su padre la experiencia. El joven ganadero aplicó en la propiedad familiar conocimientos adquiridos en viajes a Centroeuropa, y que se resumen en apostar por la modernización tecnológica para aumentar la cantidad y la calidad de la producción. Una explotación lechera con base territorial necesita 150.000 kilos al año de cuota para ser rentable, según el Ministerio de Agricultura. La media de las casi veinte mil granjas gallegas es de 98.000 kilos; pero el 27% del total ni siquiera supera los 25.000 de cuota anual. Su futuro es peor que incierto. La granja de la familia Amarelle llega al millón de kilos. Pero no es cuestión sólo de cantidad. Cada vez son más los productores que perciben como una garantía para su explotación vender leche acogida a parámetros de calidad ISO (cumplir con unos requisitos en células somáticas o no contener antibióticos), como es el caso de la SAT de los Amarelle en Bergantiños. La inversión de las explotaciones lecheras tiene una doble vertiente: el gasto en tecnología y en cuota lechera para ampliar la producción. Por tanto, las necesidades de endeudamiento son mayores que en otra rama de la economía agraria. Condenados a una doble inversión, que casi siempre sólo es posible a base de créditos, los ganaderos no desaprovechan recursos en la adquisición de tierras en propiedad. La alternativa del arrendamiento se extiende por la Galicia agraria.