El sueño del jardinero González

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GALICIA

El mundo a los cuatro vientos La colección de bonsáis del ex presidente del Gobierno, con más de cien ejemplares, se exhibirá de forma permanente en el Real Jardín Botánico de Madrid

17 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

El Real Jardín Botánico de Madrid acoge desde ayer la colección de bonsáis del ex presidente del Gobierno Felipe González, un total de 108 ejemplares de un valor incalculable que se exhibirán a partir de ahora de forma permanente y sin necesidad de pagar ningún tipo de suplemento «porque son de todos los españoles». Se trata de la mayor colección de bonsáis ibéricos del mundo y su valor es imposible de cuantificar porque muchos de ellos fueron cuidados durante años en sus lugares de origen antes de ser trasladados a La Moncloa. Para hacerse una idea de la importancia de la colección basta apuntar que el valor en el mercado de un bonsái normal de unos veinte años de edad (los que están en peligro de extinción o son más exóticos pueden valer mucho más) ronda los 3.000 euros. Felipe González donó hace ya nueve años su colección al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), pero hasta ayer, después de acometida una importante ampliación en el Jardín Botánico, no ha podido exhibirse entera. Ha sido necesario acondicionar toda una zona de 7.000 metros cuadrados en el Botánico para poder disfrutar de la colección en condiciones. González recordó ayer, mientras paseaba orgulloso entre sus pequeños árboles, que su afición a los bonsáis le valió más de una crítica durante su mandato y recuperó una frase que le había dolido especialmente en la que se aludía a sus bonsáis como «árboles torturados». Nada más lejos de la realidad, desde que el ex presidente recibió como regalo del embajador del Japón su primer bonsái se dedicó a su estudio y cuidado en cuerpo y alma. Según dice, para él era «una descarga de esa actividad despreciable que es la política». González siempre se tomó muy en serio su afición. Durante uno de sus viajes a Japón -del 31 de mayo al 4 de junio de 1991-, pasó 36 horas estudiando los bonsáis. Es más, dos años más tarde, el ex presidente entró en una céntrica floristería de Pekín para interesarse por las recetas aplicadas en el cuidado de los arbolitos, estuvo veinticinco minutos y se llevó varias macetas decoradas con caracteres chinos y un par de platos de tamaño mediano, pero no compró ningún bonsái porque como experto que era ya vio que el mantenimiento que hacían en la tienda no era el más correcto. Lo cierto es Felipe González compró muy pocas piezas de la colección, el resto son regalos de responsables políticos, como el rey de Marruecos Hassan II, el presidente francés Francois Miterrand, Hussein de Jordania o el propio Rey de España, y de personas anónimas que querían satisfacerle. Eso sí, dedicó durante años muchas horas a su cuidado, incluso «in situ», porque un bonsái que crece en la naturaleza debe podarse durante al menos tres años en su hábitat antes de transplantarse. De ahí que siempre eligiera Doñana para sus vacaciones. La colección, que es magnífica, cuenta con varios ejemplares de bosques de Pinus uncinata y Pinus sylvestris gallegos. Al ex presidente se los regalaron varios ingenieros forestales de Galicia que conocían su gran afición.