Nueve madres para un bebé

GALICIA

PRAKASH SINGH

Un juez de Sri Lanka decidió someter a un grupo de mujeres a la prueba del ADN para averiguar cuál de ellas es la madre de un niño de cuatro meses rescatado del tsunami

02 feb 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

El pequeño, que es como un muñeco, tiene cuatro meses y se le conoce como bebé 81, pues por ese orden llegó el 26 de diciembre al hospital tras ser rescatado de las aguas por un viejo pescador. Era otro milagro del tsunami, y cuando su rostro apareció en todos los periódicos y televisiones de Sri Lanka, nueve mujeres juraron haberlo parido. Se encapricharon con él y no entran en razón. Todas lo acunaron, todas lo amamantaron. La cifra de madres, desorbitada y fantasiosa, trae de cabeza al juez de Kalmuni (pequeña localidad del oriente de Sri Lanka). Descartada la solución salomónica, el magistrado, primero, intentó que todas pusieran las cartas sobre la mesa y las interrogó. Pero al jurista le dio la impresión de que en aquella partida casi todas iban de farol. Reclamaciones Una de ellas aportó como prueba la sonrisa del pequeño -«es igual que la mía»-. Mediante ese cálculo sencillísimo, esta mujer ha llegado a la conclusión de que el crío es suyo y de nadie más. Pero dicho razonamiento no se sostiene en pie; y quien lo esgrime delata su analfabetismo jurídico. Otra quería allanar obstáculos y abreviar los trámites alegando que el tsunami había pasado por su casa como la navaja de un barbero y no se salvó ni el libro de familia, por lo que no tenía como demostrar su maternidad. Una tercera le explicó al togado que cuando el océano llegó a su casa el 26 de diciembre cogió a su hijo y ambos alcanzaron el tejado, pero un golpe de mar se lo arrebató. Y el juez, emboscado por las aspirantes, se hartó. Elevó el caso a sus superiores. Lo malo es que estos, al principio, marearon la perdiz. En un mes no avanzaron en ninguna dirección, y eso enrabietó a las electas madres. Sólo a una, la que les parece más sincera, puede ver al crío, bajo estricta vigilancia, dos horas al día. Pero no es consuelo. Abrazadas con encono a su lucha, una retó a las autoridades diciendo que mataría al juez si no le entregan al niño; otra juró venganza contra los médicos del hospital; alguna anunció su suicidio en caso de que el crío acabe en brazos de otra. A tanto han llegado que por la noche, cuando el hospital se excava en silencios, se redobla la vigilancia con policías, pues el juez cree que alguna de ellas puede llegar a raptarlo. La Justicia parece haber despertado de la siesta y decidió ayer mismo, tras más de un mes con los brazos cruzados, someter al pequeño y a las nueve aspirantes a madre a la prueba del ADN. Nadie entiende que ese paso no se haya hecho antes, en una zona en la que se practican miles de análisis de ADN diarios desde que sucedió lo del tsunami. Robo de niños Mientras, el bebé espera en su cuna del hospital a que llegue su mamá. Las autoridades por fin se lo han tomado muy en serio, tras ser acusadas en no pocas ocasiones de hacer la vista gorda ante los numerosos casos de robo de niños, a los que enviaban al extranjero para ser adoptados por familias pudientes. O no. Desde que sucedió lo del tsunami, en Sri Lanka, así como en el resto de países afectados, floreció la figura del expoliador de niños que al principio se aprovechaban del caos ambiental para aprovisionarse de esos pequeños tesoros nada protegidos. Estos expoliadores solían actuar muy cínicamente, al modo de filántropos que justificaban sus saqueos alegando que, bajo sus cuidados, esos críos estarían a buen recaudo. La batalla por el bebé 81 muestra el alcance de la peor crisis de huérfanos sufrida por Sri Lanka en su historia. Unicef asegura que casi un millar de pequeños perdieron a sus padres.