Arousa no quiere despedir a Vázquez Taín; en la comida en su honor que se celebró ayer en Cambados, unas doscientas personas le dijeron «hasta luego»
21 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.Marcelo Azcárraga, fiscal antidroga de Pontevedra, en una comida celebrada ayer con su amigo el juez, le dijo: «¡La que has liado, Antonio!» Y no le faltaba razón. Vázquez Taín la tuvo que liar muy buena para reunir en un restaurante de Cambados a las autoridades judiciales, los jefes de la policía, la Guardia Civil, la Udyco, el SVA, las asociaciones de lucha contra la droga, diputados de distintos partidos y al alcalde de Vilagarcía. En total, casi doscientas personas que no estaban allí por sus estupendos balances en la lucha contra el tráfico de drogas. Fueron a rendir homenaje a un amigo al que se negaban a despedir. «No queremos decirte un adiós, queremos decirte hasta luego», subrayó el abogado Máximo Patiño en nombre de todos los letrados que trabajaron con el juez en Vilagarcía. José Antonio Vázquez Taín está a la espera de que el BOE le despida de la ría de Arousa para llevarle al Mediterráneo. Pero antes compartió mesa con los amigos que hizo a lo largo de cinco años de intenso trabajo en Arousa. Llovieron los regalos, entre ellos, una puñeta de magistrado -la puntilla que llevan en las mangas de la toga-, y un ordenador portátil. Joaquín Aguiño, su más estrecho colaborador en el juzgado, aclaró que era «para que pueda trabajar mucho, dentro y fuera de casa; y tiene traducción al catalán». Llovieron también los discursos, en los que no se habló de narcotráfico, sino de las cualidades humanas y profesionales de Vázquez Taín. Los abogados le reconocieron «su modestia, su campechanía y su exquisito trato»; el alcalde de Vilagarcía, Javier Gago, «que haya acercado la justicia a los ciudadanos»; y el fiscal Azcárraga, «que haya aplicado esa justicia de proximidad que no existía». Y entonces Joaquín Aguiño, maestro de ceremonias, dijo: «Ahora hablará el simpático». Y para equilibrar tanto halago, Taín empezó su discurso pidiendo perdón por sus errores y destacando la labor de quienes habían trabajado con él. «El mérito no es mío, es vuestro. Vosotros, los de los cuerpos de seguridad, habéis hecho el trabajo sucio y me habéis regalado a mí el mérito». Subrayó que una labor continuada de tantos años no podía llegar a buen puerto con mando, sino con cariño, y reconoció que le dolía despedirse de la tierra en la que se había hecho juez. «Ahora que el sueño termina -proclamó-, yo me lo llevo todo de aquí, hasta las olas de este mar que ya es mío».