Tras los sueños de una hija

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO

GALICIA

XOÁN A. SOLER

Mabel Klüver llegó a Santiago con toda su familia porque su hija mayor quería vivir en Galicia. Tres meses después, ella decidió regresar y los demás se quedaron.

07 ene 2005 . Actualizado a las 06:00 h.

?terrizaron en Galicia detrás de los sueños de su hija mayor, Nadia Soledad, que ansiaba vivir en España. Ni por la cabeza se les pasó la idea de separarse, así que la familia al completo hizo las maletas. A los tres meses de llegar, paradojas de la vida, Nadia regresó a Uruguay. El amor la reclamaba allí y sus padres entendieron que no se puede luchar contra él. Así que en Santiago se instalaron Mabel Klüver, su marido Julio César Cabanelas, y sus dos hijos menores, Nicolás y Rodrigo. «Nadia vino con su novio Pablo, y a Pablo no le gustó cómo lo recibió la gente aquí. Se marchó al mes y medio, y Nadia esperó tres meses pero acabó yéndose -recuerda Mabel-. Al principio no la entendimos, pero ahora sí. Preferimos que sea feliz en la distancia, que infeliz aquí». Los cuentos del bisabuelo -el abuelo de Julio César murió soñando con regresar a Galicia- fueron los que despertaron en Nadia ese interés por conocer la tierra de sus antepasados. Pero al final, en la capital gallega acabaron echando raíces todos menos ella. En marzo, Mabel Klüver cumplirá cuatro años en Santiago. Los comienzos, como pasa siempre, fueron más difíciles de lo imaginado. Pensaban que con el dinero de sus negocios -ella era socia de una imprenta en Uruguay y su marido de una empresa de autobuses urbanos- podrían hacer algo en Galicia, pero al no tener los papeles en regla se pasaron el primer año «comiendo del dinero que habíamos traído. Durante un año sólo tenía el permiso de residencia -explica-. Eso fue durísimo, porque además estábamos echando una mano a otros inmigrantes». La perspectiva cambió a principios del 2004. Con el permiso de trabajo comenzaron las oportunidades. Eso sí, olvidándose ya de que alguien reconociese su formación académica. Mabel no tuvo ninguna posibilidad fuera del sector doméstico. «Las que tenemos más de treinta años y somos de fuera, siempre tenemos que empezar trabajando en casas». Aunque ya tenían su edad, ni a uno ni a otro les supuso un atranco abandonar Uruguay y empezar una nueva vida. Todo lo contrario. «A mi modo de ver es mucho mejor venirse mayor, porque tienes experiencia. Siempre hemos sido una familia aventurera», cuenta Mabel. La última aventura se llama La Alegría y es una lavandería que regentan desde el mes de mayo. Una pequeña charla con esta mujer de voz dulzona, y se entiendeelporqué de ese nombre.