La madrugada del 17 de noviembre de hace dos años, la Agencia Europea del Espacio dio la orden a uno de sus satélites para que nos hiciera una fotografía.
13 nov 2004 . Actualizado a las 06:00 h.La imagen de dos ríos de chapapote frente a la Costa da Morte se difundió para el mundo por Internet el 20 de noviembre. En tierra, el Gobierno seguía con el rosario de falsas verdades al que se aferró durante las dos primeras semanas de la crisis. «A ojo de buen cubero», decían, sólo se habían derramado 4.000 o 5.000 toneladas. El resto estaba en el fondo del océano comenzando a solidificarse. Empecinados en negar lo que el satélite fotografiaba y lo que las autoridades portuguesas y francesas denunciaban en el lugar del hundimiento, el entonces primer ministro luso, Durâo Barroso, les sacó los colores en la cumbre de Praga (23 de noviembre): «Todas nuestras informaciones son correctas: afloran nuevas manchas». El mismo día que se difundió la imagen de la Agencia Europea del Espacio, la Crow Resources contrató otro petrolero viejo, monocasco y abanderado en los países donde no se pagan impuestos. El Byzantium cargaría 55.000 toneladas de chapapote en el puerto de Tallín (Letonia) para enviarlas a Asia. Es la ley del mercado: puedes perder la carga, pero nunca al cliente. Es la norma que también se aplica sin concesiones en la oficina londinense del broker con el que había contactado Crown Resources en junio del 2002 buscando un petrolero para transportar hacia Singapur 75.000 toneladas de fuel viscoso. Stefan Giesen dio con el Prestige, y The Observer dio con el broker cuando el buque se hundió: «Estaba garantizado por una clasificadora americana. Además, yo no me pongo el traje de buceo para mirar por debajo de los petroleros que contrato». Para Giesen no era sospechoso que el barco estuviera registrado en las Bahamas, a pesar de ser propiedad griega y estar gestionado por una firma liberiana, ni que su capitán fuera un heleno sexagenario y su tripulación adolescentes filipinos. La fotografía que tomó el satélite reveló que había un Gobierno enrocado en negar la evidencia. Ellos ya no están. El chapapote, tampoco. El satélite reveló también la dimensión del trasiego diario de barcos frente a Galicia: convertidos en la imagen tomada de madrugada en una línea de puntos de luz que la cruzan por el medio. Esos y los brokers sin traje de buzo continúan.