Fischer vuelve a eludir el mate

La Voz

GALICIA

IVAN MILUTINOVIC

El mundo a los cuatro vientos El legendario ajedrecista logra que un tribunal nipón paralice su deportación a EE. UU., mientras planea casarse con la campeona local para conseguir el permiso de residencia

08 sep 2004 . Actualizado a las 07:00 h.

El gran Bobby Fischer, uno de los ajedrecistas con mayor leyenda en la historia de este juego milenario, recibió ayer una bocanada de aire en su celda japonesa. El que fuera campeón del mundo seguro que no pudo reprimir un gesto de euforia cuando recibió la comunicación de que un tribunal japonés ha bloqueado temporalmente la orden de deportación cursada por Estados Unidos y que tiene al excéntrico jugador desde el 13 de julio preso en una cárcel de Tokio. Con todas sus vías de escape bastante bloqueadas, Fischer ha conseguido más tiempo para reordenar su delicada posición ante la tenacidad de las autoridades estadounidenses, que lo quieren juzgar a toda costa. Probablemente, Fischer se habrá planteado muchas veces si valió la pena aceptar aquella oferta de un oscuro personaje llamado Yezdimir Vasilievich para reeditar en Montenegro la mítica partida con Boris Spassky, cuando la república estaba bajo las sanciones internacionales. Desde luego, Fischer ganó y se metió tres millones de dólares en el bolsillo, pero antes se permitió el lujo de escupir en el documento del Gobierno de Estados Unidos que le recordaba las sanciones contra Serbia y le conminaba a abandonar el país. Desde entonces, sus compatriotas no han dejado de buscarle por hacerle pagar por aquel escupitajo que dio la vuelta almundo. Atrapado en Tokio Y lo cazaron el 13 de julio en el aeropuerto de Tokio, donde su pasaporte no pasó el corte. No estaba caducado, pero su Gobierno lo había anulado. Desde entonces, ha movido varias fichas, pero todas en falso. La jugada más clara era pedir asilo a Serbia y Montenegro que, al fin y al cabo, lograron mucha publicidad después de aquella partida celebrada en medio del aislamiento internacional. Incluso el Gobierno sugirió que podría aceptar la petición, pero fue antes de que Estados Unidos ejerciera su capacidad de presión. Así que la respuesta fue no. La otra posibilidad que manejaba el campeón de ajedrez era renunciar a su nacionalidad y pedir un pasaporte alemán en base a que su padre biológico también lo era. Pero, entre sus muchas salidas de tono, tal vez las favoritas de Fischer residen en sus declaraciones antisemitas, que llegaron incluso a justificar el holocausto judío. Una mala carta de presentación para conseguir un pasaporte alemán, el más idóneo porque Alemania no extradita a Estados Unidos. Claro que el ajedrecista, que en los últimos años sólo ha concedido entrevistas a una pequeña radio filipina, ha conseguido grandes hitos con sus manifestaciones. Tal vez la más llamativa y que tiene mucho que ver con la voracidad del Gobierno americano para atraparle, fue cuando dijo, el mismo 11 de septiembre de 2001, que su país tenía que haber sido destruido. Así que al hombre que en 1972, en plena guerra fría, le dio gloria a Estados Unidos al romper el dominio ruso en el ajedrez mundial, está contra las cuerdas. Pero un campeón como Fischer no va a tumbar a su rey antes de agotar todas las posibilidades. Aún le queda una jugada: casarse con Miyoko Watai, la campeona japonesa de ajedrez. Según Reuters, la jurisprudencia japonesa podría revertir en un permiso de residencia para Fischer si finalmente el matrimonio se lleva a término. Otra cosa será la salud mental de la pobre Miyoko, porque Fischer ha dejado a lo largo de su agitada vida un reguero de decepción entre quienes adoraban su figura pública y acabaron odiando su presencia en privado.