Cuadernos en los albergues

Marta Valiña ENVIADA ESPECIAL

GALICIA

15 feb 2004 . Actualizado a las 06:00 h.

Los peregrinos que llegan a los albergues además de cansados tienen ganas de hablar y de escribir. La mayoría de los refugios del Camino Francés han puesto a disposición de los caminantes cuadernos de bitácora donde quien más y quien menos da rienda suelta a sus dotes de poeta y deja plasmados sus «más profundos sentimientos». Aunque también hay quien los utiliza para dejarle recados a los compañeros que llegan detrás, declaraciones de amor eterno, reivindicaciones políticas y sociales, o como libros de reclamaciones con la esperanza de que el mismísimo Fraga sea consciente de las carencias de los albergues públicos -que muchos olvidan que son gratuitos-. Las pataletas son habituales en verano, cuando sólo los más madrugadores hallan un lugar mullido donde pasar la noche -no es extraño que los peregrinos inicien las etapas a las cinco de la mañana para ser los primeros en llegar al siguiente albergue y no quedarse sin cama-. Así, los que alcanzan el refugio más tarde, y después de desahogarse con los hospitaleros, suelen usar el bolígrafo y el papel como armas de destrucción masiva. Y no dejan títere con cabeza. Otros, un poco más razonables, se dedican a contestar a este tipo de mensajes unas páginas más atrás, como si de un chat en papel se tratase. Así, en agosto del 2003, un peregrino se quejaba de que él había caminado «más que nadie», pero se había visto obligado a dormir al raso. Como respuesta, otro romero le contestaba: «No se es más peregrino por hacer más kilómetros. Cada uno va a su ritmo y lo mismo valen diez que cien. El valor no es físico, sino espiritual». Pero también los hay que no son tan espirituales y dejan mensajes de lo más mundano: «Somos tres peregrinos que hemos venido a pillar. ¿Eres mujer? ¿Tienes entre 14 y 35 años? No lo dudes, llámanos». Lo que no se sabe es si el abrazo al Apóstol se lo dieron solos o en compañía.