El Camino, escuela de idiomas

Marta Valiña ENVIADA ESPECIAL

GALICIA

Es inevitable. Cuando alguien está estudiando un idioma, además del clásico «hola», «buenos días», o «¿cuántos años tienes?», lo primero que aprende son palabrotas. Pues lo mismo le pasa a Keith Karnok, un joven de Portland, Oregón (EE.UU.), que en su repertorio incluye términos como «idiota» -el más suave-, «tonto del culo» -le hace mucha gracia- o «España es la leche». Eso sí, lo dice con una sonrisa de oreja a oreja y parece un piropo. Keith comenzó su aprendizaje «obligatorio» del español hace dos años en Costa Rica, donde estuvo trabajando durante seis semanas. Y precisamente llegó a España para perfeccionar -«más bien empezar desde cero»- el idioma. En Estados Unidos estudió diseño gráfico -«soy un artisto muy bueno», dice haciéndose un lío con los sustantivos que sólo tienen género femenino-, pero en la actualidad es guía de montaña para niños. Por eso, el camino no le resulta complicado «en absoluto». Además, le parece una minucia porque el año pasado hizo en su país una ruta de 4.000 kilómetros denominada Appalachian Trail, que va desde el estado de Georgia al de Maine. Lo raro es que conociese el Camino porque, como él mismo admite, «en Estados Unidos siempre nos miramos al ombligo», pero en su caso un amigo le habló de la peregrinación. Keith buscó más información en Internet y se lo planteó «como un reto». Desde el pasado 15 de enero, fecha en la que partió de Roncesvalles, su español ha mejorado a pasos agigantados, como las zancadas que da para quemar etapas. «En el avión me hablaban en español pero no entendía nada y me desesperaba. Ahora ya lo comprendo casi todo, aunque cuando me dicen algo que no me interesa pongo cara de tonto y me dejan en paz», dice sin poder evitar reírse. Ahora habla español siempre que puede, aunque asegura que siempre acaba con «dolor de cabeza». Para relajarse, le pide a sus compañeros que le enseñen nuevas palabras. Y cómo no, surgen las palabrotas. «Si quieres insultar a alguien llámale Aznar», le dijo en el albergue de O Cebreiro otro peregrino. Keith se rió y no cayó en la trampa: «Ése es el amigo de Bush, no me engañes, que acabaré metiédome en un lío».