El país gemelo de Galicia toma las riendas de la Unión Europea justo cuando se han desvanecido los efectos de su espectacular milagro económico
17 ene 2004 . Actualizado a las 06:00 h.Se puede creer en las bruxas y caminar por lameiras, fabricando ordenadores para medio mundo. O sachar patatas en un minifundio con la tranquilidad de que la riqueza nacional crece a un ritmo del 7% cada año, algo que ya quisieran para sí potencias industriales como Alemania. Todo eso es posible y basta girar la vista hacia el país siamés de Galicia en Europa: Irlanda. Después de protagonizar el milagro económico más espectacular de la última década, este pequeño país, apodado el tigre celta, acaba de tomar el testigo de Italia para dirigir el destino de la Unión Europea (UE) durante los próximos seis meses. Y lo hace justo en un momento en que el rugido del tigre sufre ronquera y las recetas mágicas parecen haberse perdido entre las brumas, aunque, eso sí, los bravos irlandeses siguen ostentando dos récords europeos: los que más alcohol consumen y los que más hijos tienen. Todavía el año pasado, Irlanda fue puesta como ejemplo por el prestigioso diario Wall Street Journal , que la definió como la cuarta economía más libre del planeta. Pero la apertura de mercados tiene sus problemas y, en el caso irlandés, están determinados por una importante dependencia de la economía norteamericana, pues el 25% del empleo industrial de Irlanda se concentra en empresas tecnológicas estadounidenses. Hace veinte años, el bolsillo de los irlandeses se parecía mucho más al de los gallegos. Eran los pobres de la Europa del norte. En 1987, su renta por habitante representaba el 63% de la de británico. Pero ahora superan con creces al histórico enemigo, pues mientras un británico contabiliza unos ingresos de 23.200 euros anuales, el de los irlandeses alcanza los 25.500, es decir, casi el doble de la renta de un gallego. Pero el 11-S, la crisis de las nuevas tecnologías y la ralentización de la economía mundial devolvieron a los irlandeses a la realidad. Después de que llegase a crecer hasta un 9% entre los años 1996 y 2000, intenta agónicamente capear el temporal y por eso no fue raro que el primer trimestre del 2003 retrocediera un 1,6%, mientras la cifra de paro aumentaba en un 1%. A todo esto hay que añadir otro récord irlandés, ya que es el país donde más se encareció la vivienda: un 100% en Dublín entre 1996 y el 2000, y un 80% en Cork. Esto también ha tenido su parte de culpa en el constipado que afecta al tigre, pues hizo que se dispararan las reivindicaciones salariales, mermando el atractivo del país para los inversores y los ricos expatriados en Norteamérica con ganas de volver al terruño.