¡Ahí viene el barco!

Lois Blanco

GALICIA

JOSÉ M. CASAL

UN MONOCASCO de 243 metros de eslora ya había abandonado el Báltico tal día como hoy de hace un año. Cruzó el mar del Norte y cargado con 77.000 toneladas de un residuo final de la destilación del petróleo puso rumbo hacia Galicia. Una de las periferias del mundo por las que nadie ni nada necesita pasar vaya a donde vaya, salvo que venga aquí a vernos a nosotros.

08 nov 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Unida a tierra por el este y por el sur, Galicia es un lugar de paso sólo para barcos. Primero pasaron las galeras fenicias, después los romanos. Antes, quizá, los vikingos. Luego los galeones de los ingleses, los mercantes de los alemanes... Y ahora pasa el 70% del tráfico marítimo de mercancías peligrosas del planeta. En los barcos que pasan y no en la simbología celta se halla el denominador común de los gallegos y de los bretones en la modernidad. Galicia y Bretaña, otra periferia, concentran el 90% de los accidentes de petroleros que derivaron en catástrofes ecológicas. Los petroleros ahora tan denostados fueron iconos del desarrollo en el segundo tercio del siglo pasado. Los astilleros -incluidos los nuestros- competían por hacer la eslora más larga, y los gigantes eran inaugurados con fastos de boda real. Pero el petrolero que ya bajaba por el mar del Norte tal día como hoy de hace un año estaba sometido a la corrosión desde 1976, fecha de su construcción en Japón. Propiedad de un entramado griego de nombre Mare Shipping, navegaba con bandera de conveniencia para transportar chapapote viscoso de la sociedad rusa Crown Ressources, incluida en el grupo Alfa Bank a través de una red de filiales en paraísos fiscales. La legalidad sólo se le supone. A la altura de un Finisterre que no necesitaba agrandar su leyenda, el barco naufragó, su fuel contaminó cientos de kilómetros de costa, y los gallegos presenciaron atónitos como la primera reacción del Gobierno era negar la evidencia, hundiéndose en una crisis de credibilidad. Ahí viene ahora el aniversario, e igual de atónitos nos podemos quedar si los intereses partidistas o la simple estupidez zarandean lo que queda del barco para vestir a Galicia de luto y pasearla por el mundo en procesión.