Crónica | El último voluntario de la zona cero El japonés Watanabe, que llegó hace ocho meses a Fisterra para limpiar las playas, abandonó ayer el pueblo
12 ago 2003 . Actualizado a las 07:00 h.Los voluntarios de larga duración hace tiempo que desaparecieron de la zona cero. La mayoría volvieron a sus casas y los que se quedaron se reciclaron buscando trabajo en los negocios locales. En Muxía o Camariñas la solidaridad desapareció barrida por la fuerza de las hidrolimpiadoras. Sólo el japonés Tomohiro Watanabe aguantó el pulso en Fisterra. Llegó como peregrino hasta la Costa da Morte el pasado mes de noviembre, casi al mismo tiempo que el fuel. Dejó a un lado la vieira y el bastón y se pasó al capazo y el mono blanco. Discreto, poco hablador -aprendió gallego durante su estancia- y ajeno al conflicto político del Prestige , Tomohiro Watanabe se dedicó a limpiar. Se fue y regresó Hace tres meses intentó marcharse, pero una semana después regresaba para continuar con la tarea. Hasta que no quede absolutamente nada. La suya era la playa de O Rostro. Al principio él era uno más entre los cientos de voluntarios que participaban en esta labor, pero al final era posible verlo solo con un cedazo cribando la arena poco a poco en una playa de más de dos kilómetros. Cuando su presencia en los arenales dejó de tener sentido siguió como voluntario en el albergue de peregrinos. Quienes convivieron con él durante estos meses aseguran que encontrar a alguien más voluntarioso, afable y trabajador es imposible. Ayer, Tomohiro cogió un avión que despegó desde Lavacolla para continuar con su viaje por Europa antes de regresar a Japón, donde estudió Políticas, a buscarse la vida. En Fisterra lo despidieron con una fiesta personalizada en la que le llovieron los regalos -entre ellos una máquina para cortar el pelo- y el vino hasta que se fue a dormir a las dos de la madrugada. Se fue con una insignia de plata del Concello que le regaló el alcalde, del PP. Él estaba al margen de tensiones políticas. Lo suyo fue trabajar en silencio. Así se marchó ayer, sin hacer ningún ruido.