Yo a Siria y tú a Monforte

Lois Blanco

GALICIA

26 jul 2003 . Actualizado a las 07:00 h.

AFERRADO a su teléfono móvil, abandonaba quince días atrás una reunión de ministros de Economía en Bruselas. «¡Presidente!, ¡presidente!», le increpó al paso una periodista en un lapsus linguae que provocó las risas entre los que lo oyeron. Quería saber cómo había ido la reunión. Quienes escucharon su error querían saber cómo reaccionaría Rodrigo Rato al dedazo de la periodista que lo acababa de investir presidente. No hubo morbo. Se paró, giró sobre sus talones y se dirigió hacia el micrófono de quien le había inquerido. Impávido, respondió: «La reunión ha permitido a los ministros de la UE...». Dio media vuelta y se fue tecleando un nuevo mensaje de texto en su teléfono móvil. Según avanzan las semanas, el vicepresidente económico parece cada vez más presidente; y el vicepresidente político, más vicepresidente. El lunes pasado ambos coincidieron en emprender sendos viajes. El candidato Rodrigo acudió a Siria, país vecino de Irak y canapé servido en bandeja de plata para el próximo manduqueo de Rumsfeld en Oriente Medio. El candidato Mariano estaba en Monforte de Lemos viendo con cara aburrida a unas señoritas bailar una muñeira en el salón del nuevo parador de turismo. El candidato Rodrigo avalaba el jueves con un cum laude su imagen de hombre hábil para manejar las cuentas de los comunes mortales. Mientras leía su tesis en la Universidad Complutense, en otra universidad pero de verano, el candidato Mariano leía unas notas ante los periodistas sobre los avances de Repsol sobre el Prestige. Misión: apaciguar los ánimos de los de Monforte y de los demás gallegos en víspera del 25 de julio. A pesar de hablar de Galicia y de viajar hasta aquí durante la misma semana dos y tres veces, la fonética de esa especie de candidato bicéfalo con dorsal para Madrid y para Santiago en que se ha convertido Mariano no sucumbe al acento gallego. Ya han pasado tres años desde que Fraga le regaló una caja de puros y dos consejos. Entre los reflejos de los cristales ajados de la discoteca Lennon, en A Estrada, le dijo: «Fuma menos y, ahora, aprende gallego, Mariano». De fumar, no ha dejado.