Bien curtida en las lides comunitarias, Carmen Fraga sabe cuál es el juego de la Comisión Europea en el campo de la pesca y, por eso, rechaza de plano una política internacional de pesca que se presenta de forma «incompleta y con un grado de indefinición importante». -La prioridad es que los acuerdos de pesca tienen que seguir siendo comerciales. Por supuesto que, además, tienen que cumplir una serie de requisitos que marcan las políticas comunitarias, como la conservación de recursos, la cooperación al desarrollo, la lucha contra la pobreza... ¡Pero eso es obvio! Y aplicable, además, a otros ámbitos, como la agricultura o cualquier actividad económica, en los que no se ha precisado lanzar una comunicación para dejarlo claro. Un objetivo no tiene por qué entrar en contradicción con otro y que queramos mantener el carácter comercial de los acuerdos no está reñido con la ayuda a los terceros países. -¿Cómo puede demostrarse esa compatibilidad ante la Comisión? -La prueba está en que España tiene al buque oceanográfico Vizconde de Eza dedicado la mitad del año a campañas de evaluación de recursos y está financiando programas de desarrollo del sector pesquero en países como Gabón o Argelia, cosa que, por ahora, la Comisión no ha hecho. O sea, que a mí nadie me tiene que dar lecciones de lo que es hacer cooperación al desarrollo o evaluación de los recursos, porque yo tengo un buque puesto a disposición de terceros países y participo en el programa Nauta, al que España contribuye con cinco millones de euros al año. ¡Cómo voy a decir que no estoy a favor de eso si lo estoy demostrando con hechos como la que más! -Bruselas quiere impulsar las empresas mixtas, pero retirará los fondos públicos para su constitución en el 2004. ¿Conoce cómo se van a fomentar esas firmas? -Ya me gustaría tener una mayor explicación. Los representantes de la Comisión dicen que sí va a haber otros instrumentos, pero los que se citan en la comunicación existen desde hace tiempo y, además, España ya está intentando canalizarlos para la pesca, no sin dificultades. Es decir, que Bruselas no propone nada nuevo y lo único que está claro es que un instrumento de cooperación que hay, que son las sociedades mixtas, va a desaparecer a finales del 2004. También puede ser que luego tomen otra decisión distinta, lo cual sería volver a una política de bandazos.