La luna de miel termina en Lugo

GALICIA

PRADERO

La creciente necesidad del BNG de marcar diferencias con el PSOE en los ayuntamientos gallegos que gobiernan tiene reflejo en Lugo, la ciudad donde mejor funcionaba el pacto

16 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

La luna de miel se acaba en Lugo. El mal de los celos que aqueja al pacto de gobierno en los ayuntamientos gallegos entre el PSOE y el BNG también alcanza a la que fue la pareja ideal del matrimonio de conveniencia entre socialistas y nacionalistas. El alcalde lucense, José López Orozco, y la primera teniente de alcalde, la nacionalista Branca Rodríguez Pazos, han escenificado desencuentros que antes fueron habituales en Vigo y Pontevedra, y que también asoman en Santiago. Ayer, el BNG se negó a respaldar un acuerdo de Orozco con Caixanova para instalar paneles informativos en los accesos a la muralla, alegando que la concejalía de Turismo, que desempeña el nacionalista Fernando Blanco, tiene un acuerdo para el mismo fin con la Xunta. A finales de la pasada semana, Blanco dio a conocer una moción que presentará el BNG en la Diputación para reclamar un museo de la romanización, que quieren que tenga por sede el edificio del Banco de España. El PSOE le contestó que ese museo debe de estar en otra zona de la ciudad. Orozco y Pazos niegan que exista crisis de gobierno en Lugo, mientras empiezan a escenificar el distanciamiento. El Bloque necesita marcar diferencias con el socio mayoritario en el gobierno local ahora que el PP lanzó ya su locomotora electoral. El, por ahora, puntual desencuentro PSOE-BNG ya fue aprovechado ayer por los populares, felices de encontrar en el flanco del pacto de gobierno la grieta que llevan tres años buscando. La trascendencia de la riña salta la muralla y adquiere clara relevancia gallega, no en vano la vieja ciudad murada es una molesta espina en el cuerpo electoral de los populares gallegos. Para el PP de Cacharro Pardo, en Lugo, como en los otros municipios gobernados por la coalición entre socialistas y nacionalistas, las discrepancias entre los socios frenan el desarrollo de las ciudades. Tan fácil para el combate político se lo están poniendo, que el concejal Ramón Arias dijo ayer: «Sorprende que a esas diferencias no se les busque solución en un debate en el seno de la corporación».