Dos polizones liberianos y uno tanzano, custodiados a bordo de dos barcos en Marín y A Coruña, esperan con impaciencia la respuesta a su solicitud de asilo político en España
10 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Charles Kumeh, de 20 años, y Morris Clayton, de 22, llegaron ayer como polizones a bordo del barco Ekaterini a Marín. Hace varias semanas dejaron su Liberia natal, un país desgarrado por una cruenta guerra civil. El Ekaterini , con bandera de Malta y rumbo a Europa, les dio la oportunidad para soñar y buscar una vida mejor. Uno de los tripulantes del barco narró ayer brevemente la odisea de estos dos jóvenes. Ambos se hicieron pasar por estibadores y subieron al barco en el puerto liberiano. Una vez a bordo, se ocultaron en una de las bodegas. Ocho días después, los marineros los encontraron. Al parecer, el hambre y la sed les hizo ser menos cautos y eso facilitó su descubrimiento. A esto, siguió una larga travesía remontando la costa africana hasta adentrarse en el Mediterráneo. El Ekaterini hizo escala en Turquía y en Grecia, donde los dos polizones habrían intentado desembarcar. Al final, el barco se dirigió a España con ellos aún a bordo. El mercante hizo entrada en la ría de Pontevedra el sábado, pero permaneció fondeado hasta ayer por la mañana a causa de los dos polizones. Al final, las autoridades le permitieron amarrar en el muelle comercial, donde se inició la descarga de 4.813 toneladas de cemento. Esta ocupación hará que el buque permanezca previsiblemente hasta mañana en el puerto gallego. Charles y Morris se encuentran bien de salud. A simple vista se ve que están siendo bien tratados. Ya expusieron su solicitud de asilo ante las autoridades españolas y ahora están pendientes de la Oficina de Asilo y Refugio, dependiente de la Administración central. Las decisiones de Madrid suelen ser rápidas. En 48 horas sabrán si su travesía por tres continentes ha valido la pena. Otro polizón, esta vez tanzano, y custodiado en A Coruña desde el domingo, también aguarda una respuesta a su caso. Según su testimonio, las cosas no eran fáciles para Charles y Morris en Liberia. Uno explicó -a los funcionarios españoles que lo atendieron- que le habían quemado la casa. El segundo huyó su país por miedo dejando atrás a su familia.