Calvo-Sotelo fue homenajeado ayer por el muncipio de Ribadeo tras recibir el título nobiliario que le ha concedido el Rey, como ya hizo con su predecesor, Adolfo Suárez
18 ago 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Desde ayer hay una placa en el salón de plenos del consistorio de Ribadeo que recuerda el título nobiliario que el Rey le ha concedido a Leopoldo Calvo-Sotelo por la labor realizada cuando fuera presidente del Gobierno (1981/82): marqués de la Ría de Ribadeo, para disgusto de los asturianos que prefieren denominar la ría como la del Eo. Una comisión ciudadana de Ribadeo no dejó pasar la ocasión brindada por la concesión del título nobiliario para honrar a uno de sus convecinos más respetados, quien ayer acudió a la cita con su esposa, sus ocho hijos y varios nietos. El nombre de Ría de Ribadeo está acompañado desde de siempre por la polémica en el margen asturiano, que prefiere la denominación Ría del Eo. Calvo-Sotelo, uno de cuyos hijos, Juan, es alcalde de Castropol, concejo del margen asturiano, no eludió mediar en la polémica. Echó mano de la historia y de Unamuno para justificar que el nombre Ría de Ribadeo, y por ende el Marquesado de la Ría de Ribadeo, es correcto y está fundamentado. A la postre, el argumento definitivo para el marqués, es que el Rey lo ha decidido así, y lo que dice el Rey es siempre verdad. Ironías al margen, Calvo-Sotelo coincidió con el alcalde ribadense, Rodríguez Andina, en que la ría ha sido siempre un nexo de unión, antes que una frontera que separa los dos pueblos. Doscientas personas El de ayer fue un acto numeroso, que reunió a algo más de doscientas personas en la comida que le ofrecieron a Calvo-Sotelo en el parador de Ribadeo. Pero también fue un acto familiar al que no faltó la extensa prole del ex-presidente y muchos de sus amigos. Uno de ellos, Víctor Moro, que fuera alto cargo del Banco de España y ante todo compañero de estudios del ahora marqués, habló de la relación sentimental de Calvo-Sotelo con Ribadeo, a donde llegó en el año 1936 y donde pasó su infancia. Aludió a la relación con la familia de los Tapiegos, que tenían las lanchas de pasaje que unían ambos márgenes de la ría, y del profesor de matemáticas, Don Genaro, causante quizás de que Calvo-Sotelo acabara siendo ingeniero de Caminos. La relación del ex presidente con Ribadeo permaneció a través de los años: en la localidad tiene su gran casona de verano, una verdadera atalaya desde la que se divisa la ría y a la que un día de verano de 1981, meses después del fallido golpe de Estado de Tejero, acudió a comer Juan Carlos. Calvo-Sotelo recordaba ayer la llegada del Rey a bordo de una motora, El Pepín , que lo había trasladado al puerto de Porcillán desde el yate Fortuna. Y fue Juan Carlos quien, según explicó Calvo-Sotelo, le habló por vez primera de que ya había un condado otorgado por Enrique II con el nombre de Ribadeo, allá por el Siglo XV, a José Pedro de Villanes por lo que para su título nobiliario convendría evitar la repetición, pero seguir manteniendo la referencia a Ribadeo. El nombramiento fue recibido con orgullo en la villa. El regidor, Rodríguez Andina, lo puso ayer de manifiesto al afirmar que el título en sí le parece un gran acierto. Después de recordar que los marquesados en la Alta Edad Media estaban asociados al mando en una zona fronteriza, afirmó que los vecinos de ambos márgenes del Eo le darán una vuelta a la historia: «En lugar de hacer de nuestro marqués, como antaño, un jefe supremo de las tropas y una marca fronteriza, con la connotación que tiene de batalla y malas relaciones, lo haremos y seguro que el encargo le gustará, embajador de las buenas relaciones que siempre mantuvieron hombres y mujeres a ambos lados de la ría». Rodríguez Andina no quiso acabar sin antes felicitarse porque el marqués de la Ría de Ribadeo sea una persona vinculada a la localidad y a la ría no sólo desde un punto de vista lúdico, sino como hombre dispuesto a arrimar el hombro para resolver problemas y sacar adelante proyectos.