La ciudad se enfrenta a sus primeros días con la nueva ubicación de la estatua de Franco, tras décadas en la entrada de la urbe Entró por el mismo lugar de donde había salido hacía treinta y cinco años, pero con una expectación totalmente diferente. Aquel tiempo le valió a una ciudad para acostumbrarse -a la fuerza unos, con cariño otros- a la presencia de Franco recibiendo a cuanto visitante se acercaba a Ferrol. Ayer el pedestal amaneció vació; y los vecinos, descolocados. Había caído la referencia de una ciudad en apenas unas horas, a ritmo de brindis y de lágrima. Luego, en cuestión de minutos, el Concello cedía de modo indefinido la estatua de la Armada. Unos siguen criticando; otros, aplaudiendo. Pero también hay quien se quedó indiferente.
05 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Tras el de Valencia, un segundo gran símbolo franquista caía en veinte años. Fue durante la noche del jueves en una esquina del Noroeste peninsular. Quedan otras en España, pero ningún gobierno municipal ha previsto organizar un traslado como el que se ejecutó en Ferrol. El tema coleaba desde hacía meses, y lo que le quedará. En tertulias de bares, comercios y calles quedaba el regusto de la victoria, o la derrota, según se mire. Pero también indiferencia. «Nosotros estamos aquí por curiosidad», comentaban Esteban y Carmen, ferrolanos «de siempre», a primeras horas de ayer ante el pedestal vacío de la plaza de España. La pieza ya se encuentra erigida en dependencias de la Armada, aunque a la espera de que se complete la ornamentación -el pedestal se cubrirá de granito- y limpieza de la figura. Una escueta firma entre el alcalde y representantes de la Armada ha zanjado 35 años de enfrentamientos. Pero tampoco en su nueva ubicación el caudillo se ha salvado de la crítica: el comité de empresa de Izar ya se ha apresurado a calificar de «insulto» la ubicación junto a sus instalaciones «por ter que contemplar para sempre unha estatua imposta». En el polo opuesto, pero cargando también contra el traslado, se manifestó el PP de Ferrol, para cuyos líderes «el alcalde ha fracasado, ha actuado con nocturnidad y alevosía, pero ha conseguido su gran objetivo político». Recelo oficial Lidiando entre las opiniones, los gobernantes municipales insistían en recordar que la decisión se ajusta a un proyecto para dotar a la ciudad de un aparcamiento subterráneo y una remodelación completa de la plaza. El trasfondo iconográfico quedaba en un segundo plano para algunos políticos. No para una mayoría de los ciudadanos (como también reconocía Bello) que se sumaron a un evento, el de la noche del jueves al viernes, en que no faltaron ni los fuegos artificiales. No defraudó la expectativa creada en torno a un traslado del que nada se supo hasta el mismo día. El recelo oficial lo respondió la ciudadanía con una lección de tolerancia. Sólo alguno se impacientó cuando se acabó la cerveza en los bares de la plaza de España.