El número de defunciones se disparó en Galicia a partir de la década de los noventa Al comenzar el siglo XX Galicia presentaba una elevada tasa de mortalidad, 22,4 defunciones por cada mil habitantes. El dato es propio de sistemas demográficos preindustriales. Se asociaba a bajas esperanzas de vida al nacer, que era de 35 años y se debía esencialmente a las carencias socioeconómicas y sanitarias, ya que los mayores de 65 años no representaban más que el 5,1% de la población. El progreso general y los avances en la medicina propiciaron el aumento de la esperanza de vida y los descensos absolutos y relativos de la mortalidad. Con una composición por edades muy joven, la inflexión de la mortalidad fue espectacular. En los 50 se redujo a 9,7 personas por mil habitantes. A partir de entonces comenzaría otra fase.
27 may 2002 . Actualizado a las 07:00 h.PEDRO ARIAS VEIRA MIGUEL CANCIO La evolución de la mortalidad ha registrado ritmos de cambio bastante diferentes. En la primera década del siglo XX su reducción fue muy moderada, pero en la de los veinte bajó un 16,6%. Aquellos años, de grandes progresos en la bacteriología y de bonanza económica se reflejaron en mejoras de las condiciones de vida. En los años 30 siguió bajando, a pesar de la crisis y de la guerra. El desarrollo de la penicilina y los progresos sanitarios sobrepasaron los efectos sociopolíticos desfavorables. No obstante la intensidad de las mejoras fue algo inferior, el 10,4%. El mejor período fue el de los años cincuenta. Al progreso sanitario se unió el material, tanto por las condiciones interiores, como por el apoyo prestado por los ingresos de una emigración que se había reanudado con gran fuerza. La tasa de mortalidad pasó del 13,5 al 9,7 por mil, un descenso del 28% que es el mayor que se ha registrado durante el siglo XX. Cambio de tendencia En los años sesenta comienza una ralentización de la caída de la mortalidad, que sólo disminuye un 5,6%. Y ya en los setenta comienza a crecer. De 9,1 fallecidos por mil habitantes se pasa a los 9,5. En los 80 se estabiliza y los noventa comienza a subir de forma notable, alcanzando los 10,3. Esta evolución es paralela a la española, si bien con diferentes ritmos y algunos desfases. En España el aumento de la tasa de mortalidad llegó en los años noventa, cuando subió un 9,6% respecto a los 80. Por otra parte el movimiento secular fue más pronunciado para la media española. Al iniciarse la centuria, la tasa española era ligeramente superior a la gallega, 24,9 y 22,4; y en los noventa se mostraba inferior, 8,8 frente al 10,3. El mayor envejecimiento relativo de Galicia, cuya explicación diferencial se debe a la emigración, ha ocasionado su mayor nivel de mortalidad actual. Las mayores subidas Salvo en el grupo de los ayuntamientos entre diez mil y veinte mil habitantes, en los demás tipos la tasa de mortalidad ha estado subiendo. En los menores el crecimiento ha sido del 38,4%. En el otro extremo, en las ciudades, el ascenso ha sido del 5,1%. Las mejoras en las condiciones de vida y en la sanidad ya no contrarrestan el impacto del envejecimiento. A diferentes ritmos espaciales, según la naturaleza del municipio, la mortalidad socava la entidad demográfica de Galicia. En los ayuntamientos pequeños están muriendo 15 personas al año por cada mil habitantes. Ese nivel es el que presentaba Galicia en la década de los treinta. Pero ese dato es un promedio; hay municipios, como Calvos de Randín, Arnoia, Castrelo de Miño, Ramirás, O Irixo y Nogueira de Ramuín que superan las 20 defunciones anuales por mil habitantes. Y muchos más como Montederramo, Vilamartín, Baltar, Sober, Ourol, Viana do Bolo, Pantón, A Porqueira, Valadouro, Peroxa, Saviñao, Navia, Merca, Mondoñedo, As Nogais, Barreiros, Cabanas... que se encuentran mas cerca de ese nivel que del promedio. Es como si estas poblaciones hubieran retrocedido al comienzo del siglo XX, época de elevadas mortalidades.