MONTSE CARNEIRO ECHE O QUE HAI El alcalde de Narón encuestará a sus vecinos para decidir si se presenta o no a las elecciones municipales
27 mar 2002 . Actualizado a las 06:00 h.«En Narón vivimos de pie y no de rodillas por las consellerías». A Xoán Gato no le cuesta pronunciar frases como ésta. Alcalde desde 1985, autor de ideas sonadas como la construcción de un helipuerto en la azotea del concello, carne de juzgado -«hubo una época en que estaba de moda denunciarme»- y artífice de la expansión económica del municipio, este político de cuerpo poderoso mantiene intacta su vena descreída. Por algo es independiente. Sabe que las encuestas son más comprometidas a pie de urna que en el tresillo del salón y, por lo que pueda pasar en las municipales, ha decidido no perder tiempo y consultar a sus vecinos sobre la gestión de su gobierno. ¿Para qué? Para decidir si se presenta o no a las elecciones. ¿Que los vecinos lo suspenden con cero carolo? Pues adiós muy buenas. «Non temos ninguna necesidade política de presentarnos: somos independientes», presumió un edil. UNA ESCUELA, DOS NOMBRES. Cualquier día se le ocurre a alguien reclamar derechos para los muertos. Y con razón. Los parientes de Carlos Álvarez y Fernández-Cid. Sin ir más lejos que a Ribadeo. En 1989, un colectivo les pidió permiso para poner a la escuela de música, a título póstumo, el nombre del mencionado don Carlos, farmacéutico, director de corales y fundador de la rondalla local. La familia aceptó el honor y así lo disfrutó hasta que hace unos días padres y alumnos de la escuela anunciaron el inicio de una campaña para poner al centro el nombre de Hernán Naval, antiguo director ya fallecido. Todo apunta a un malentendido. No hay voluntad de pelear por ninguna parte. Pero eso sí, la familia pregunta por los «deméritos» en que pudo incurrir su pariente, una vez muerto. UNA ALDEA A CONTRACORRIENTE. Se llama Santabaia de Urrós, es una parroquia de Allariz y tiene en sus dominios dos aldeas, San Mamede y San Vitorio, con 18 vecinos y una concentración parcelaria en puertas. Cualquier pueblo lanzaría cohetes para celebrarlo, pero éste no. Los vecinos temen la tala masiva de sus carballos y sus abedules. Y total, ya nadie trabaja la tierra.