Diálogo para acallar doce años de silencio

GALICIA

Fraga se somete a la primera sesión de control en el Parlamento autonómico desde que llegó a la Xunta en 1989

21 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

EL calculado descenso de Fraga a la arena parlamentaria pone fin a doce años bárbaros en los que privó a la Cámara de esa normalidad que ahora apadrina. Una resistencia que ha situado al de Vilalba como el mandatario autonómico con más alergia al hemiciclo, junto al cántabro Joaquín José Martínez y el castellano-manchego José Bono. Hasta los veinte minutos de coloquio de ayer, Fraga había limitado sus intervenciones en doce años de presidencia a los debates anuales sobre el Estado de la Autonomía y a sus cuatro discursos de investidura. Lo que es habitual en la mayoría del resto de comunidades, que el presidente comparezca a petición de la oposición -ayer mismo, Aznar lo hizo en el Congreso-, era excepcional en Galicia. Fraga así lo quiso hasta que en el arranque de su cuarto mandato decidió imponerse una disciplina que, después de sentar a su mesa a Beiras, le permite posar para la posteridad como líder de consensos. Pax fraguiana para todos. Del ejercicio que ayer sustanció el nuevo, y civilizado, clima parlamentario dejó, más que novedosos contenidos, otra prueba de la diferente actitud con la que Beiras y Touriño han asumido sus papeles de interlocutores de Fraga. El socialista empleó un tono más crítico e incluso amagó con acorralar al presidente aireando el último informe del Consello de Contas, que vuelve a poner en entredicho la política de subvenciones de la Xunta con los concellos. El órgano fiscalizador reveló en diciembre que el 96% de las ayudas benefician a municipios del PP. Fraga optó por tirar por la calle del medio para salir del atolladero. Dijo que los datos fueron filtrados a la prensa, pero omitidos del informe final. Las reglas del juego tampoco dan para mayores peligros. Fraga disponía de sólo tres minutos para responder y García Leira manejó con destreza el interruptor que enciende la luz roja. Touriño y su presión, que por cierto desagradó al entorno del PPdeG, telonearon a un Beiras todo cordialidad. Y eso que abordó una de las aristas que han hecho del autonomismo de Fraga el nuevo coco de Aznar: la representación de las comunidades en el Consejo de Ministros de la UE. O, como subrayó Beiras con intención, la demanda para que Galicia tenga «voz e presencia participativa» en el órgano comunitario. Y los escolares, confundidos Las explicaciones de Fraga sobre la inoportunidad de llevar más lejos la propuesta en este semestre de presidencia española de la Unión fueron recibidas por Beiras con palabras de comprensión hasta hace unas semanas impensables. Algunos de los escolares que en ese momento se acomodaban en la tribuna del público cruzaron miradas de confusión. El líder nacionalista ni siquiera pidió más explicaciones. Aunque las tuvo. A Fraga le quedaban en el tintero algunos flecos de su doctrina de filiación con el regionalismo de Brañas, frente al nacionalismo soberanista y al otro, «o que chaman o nacionalismo de Madrid». La histórica cita mostró a Touriño crítico; a Beiras, complacido; y a Fraga, con la vista puesta en las municipales.