DEPORTIVO No hizo falta más que una buena actuación -la primera de la temporada- para que Djalminha se reivindicase. El centrocampista brasileño, que el pasado sábado ya había lanzado un dardo envenenado a Irureta, volvió a la carga.
21 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Descontento por su suplencia ante el Las Palmas y envalentonado porque, a diferencia de anteriores encuentros, ayer sí que acrecentó, el polémico futbolista advirtió de que su paciencia tenía un límite y se le había agotado, ante lo que amenazó con ir a «hablar con quien deba» para aclarar su situación. «Por lo único que estoy contento es por la victoria del equipo. Personalmente, llevo bastante tiempo mal y hoy -por ayer- no puedo estar feliz», comenzó su discurso el canarinho. Primer puyazo. Su situación Y el segundo no se hizo esperar: «Jugar aquí no depende de las actuaciones». ¿De qué depende entonces? Su respuesta, envenenada: «Sólo sé que mi situación no depende del juego que exhiba». Zanjó la cuestión, no explicó de qué dependía entonces. Y como eso que sólo él sabe y que no acierta a explicar no se arregla, la paciencia se le acabó. «He tenido mucha paciencia y he intentado comprender muchas cosas, pero ya no puedo más. A partir de hoy, mi situación va a cambiar», justificó antes de insistir en que va a dirigirse a quien corresponda para exponerle su situación e intentar llegar a un arreglo, que se supone que será el anunciado hace un par de meses: su marcha de A Coruña. Curiosamente, las declaraciones de ayer del brasileño chocan parte de su intervención del pasado sábado, cuando decía: «Llevo seis meses descontento, pero por ello no voy a estar todos los días transmitiéndolo». Quizá entendió que tras su buena actuación ante el Las Palmas, la de ayer no era una jornada más y sí el momento oportuno para reivindicarse y denunciar, por enésima vez, una situación que él considera injusta. Tras el órdago lanzado, habrá que esperar ahora la reacción del presidente, quien desde que llegó se ha mostrado como su gran defensor, en contra, incluso, de la opinión de Irureta, quien en más de una ocasión censuró la actitud del brasileño, tanto dentro como fuera del campo.