Su hija de 18 años se ha ocupado este mes de los cuatro hermanos menores
18 dic 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Final feliz, dentro de lo que cabe, para una vida inflada con parches y mala estrella. Isabel Gómez Castro, la vecina de Boiro encarcelada en la prisión de Tahíche (Lanzarote) el 29 de noviembre, saldrá de la cárcel hoy, a las siete de la mañana. El director general de Instituciones Penitenciarias comunicaba el lunes a Cándido Reguera, diputado nacional por el PP y vecino de Lanzarote, que habían decidido concederle el tercer grado. Isabel sólo tendrá que ir a dormir a la cárcel desde su cercana casa de Arrecife. Además, en las fechas navideñas disfrutará un permiso especial y podrá estar la 24 horas del día con sus hijos. La buena nueva fue anunciada ayer, día en el que Isabel cumplía 36 años, por Francisco Perdomo, secretario del Cabildo Insular, amigo y protector de una familia de madre y seis hijos -una de ellas en Galicia- desgajada por un problema del año 1994, cuando Isabel, ahora rehabilitada, fue apresada con 20 gramos de cocaína. Madre a la fuerza Su encierro ha sido también el de su hija Eva, 18 años y madre a la fuerza, que se hizo cargo este mes, por la gracia del juez y en todos los aspectos, de sus cuatro hermanos menores. Ninguno ha visto a la madre porque ésta no ha querido. Pero la madre sí vio a su hija, el lunes, en el programa Sabor a ti, y cuentan quienes estaban con ella que casi se vuelve loca. Eva se enteró a última hora de ayer de la buena noticia. Fue su madre la que la llamó por teléfono y le dijo: «Filla, mañá (por hoy) estou fora». Eva ha tenido junto a ella a una sociedad totalmente volcada, que le ha prestado ayuda material y personal. Perdomo se muestra «impresionado» al comprobar el respaldo y las peticiones de libertad que ha tenido: todos los partidos políticos de Lanzarote, todas las instituciones, los vecinos, las entidades sociales -«hasta la embajada de Luxemburgo ha ayudado», explica-, los medios de comunicación... La esposa de Perdomo visitó a Isabel varias veces en la cárcel de Tahíche, donde la vista alcanza un gran monte pelado como los que hay en su Cabo da Cruz natal, y la ha visto, asegura, «un poco desesperada».