La joven agredida con ácido por su madre cuando iba a declarar contra su padre quiere operarse de las graves quemaduras que sufre El 2 de octubre del 2000 la pesadilla que vivía María del Carmen Lojo por los continuos abusos sexuales de su padre se convirtió en un calvario. Ese día, la joven, dispuesta a terminar con su pasado, acudió a la Audiencia de Pontevedra buscando justicia. Iba a declarar contra su padre. En la escalera del edificio la esperaba su madre, quien, sin cruzar palabra, arrojó ácido al rostro de su hija. La melena impidió que se quedara ciega, pero no que sufriera graves quemaduras. La joven aún se recupera de las heridas.
06 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.«De momento quiero operarme, tener la cabecita bien y no verme como un monstruo». Este el mayor deseo de María del Carmen Lojo Barreiro, que ayer explicó en Pontevedra sus planes de futuro. Más de un año después del incidente ocurrido en las escaleras de la Audiencia de Pontevedra, su padre cumple una condena de treinta años de prisión por dos delitos de agresión sexual, y su madre una de dieciséis años por omisión del deber de socorro durante aquellos hechos. La agresión con ácido a su hija aún está pendiente de juicio. Mientras tanto, la joven siente mucho miedo. Miedo de su familia, y miedo porque cree que tiene escasa vigilancia policial. «Estoy completamente sola. Ante la sociedad gozo de una protección policial que me dispensa un guardia civil durante sus ocho horas laborales en la zona donde resido. Si me desplazo -añade- no la tengo, ya que no lo creen conveniente». «Me siento amenazada, me siento mal... Ya no sé ni cómo me siento», dice. «Mi familia es muy complicada. Tiene muchos problemas, con la autoridad y en todos los sentidos. Si entre ellos se pelean, se pegan y se llegan a intentar matar, ¿qué me harán a mí?», se pregunta. Tratamiento médico En la actualidad, María del Carmen está pendiente de pasar de nuevo por el quirófano del policlínico de Povisa, en Vigo. Ella lo explica: «Tienen que reconstruirme el pabellón de la oreja, y después me someteré a dos o tres operaciones en la cabeza para que me implanten una especie de bolsas de suero». El objetivo es que, tras esperar nueve meses, las bolsas se hinchen y hagan posible la realización de un injerto de pelo. Además, la joven sigue recibiendo tratamiento terapéutico para poder superar en lo posible el drama que vivió en el interior de la Audiencia de Pontevedra. Un hecho del que no se ha recuperado anímicamente. «Estás allí y piensas que te mueres. Esto es algo que no creo que supere, tal vez sabré vivir con ello», asegura.