Heridos de mentira

ESPE ABUÍN A CORUÑA

GALICIA

CÉSAR QUIÁN

Fomento y Marina Mercante probaron en A Coruña su capacidad de respuesta para atajar la contaminación Una política de lucha contra la contaminación marina no sirve para nada si sólo existe en el papel. Poner a prueba la capacidad de respuesta de los efectivos materiales y humanos ante un siniestro marítimo es parte esencial de ese plan. Y eso es lo que hicieron ayer el Ministerio de Fomento y la Dirección General de Marina Mercante en A Coruña: comprobar si una suma de esfuerzos entre distintas administraciones puede con toda la fuerza del mar. Y éste les demostró que hasta con «calma chicha» puede despistarles.

19 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Los heridos eran de juja. Por eso el capitán marítimo coruñés no tenía reparos en bromear con los asistentes. «Si esto fuera cierto, ahora no tendría esa sonrisa en la cara», comentaba un consejero de Marina Mercante. Caras distendidas y mucha tranquilidad evidenciaban que todo era pura ciencia ficción. La operación de salvamento y lucha contra la contaminación partió de un supuesto que, como puntualizó Javier Gárate, director de Salvamento Marítimo, «no se da todos los días». Y afortunadamente, porque se colocaron en el peor de los casos: un petrolero y un buque de carga general colisionan a 60 millas al noroeste de la torre de Hércules, el primero derrama mil toneladas de crudo y en el segundo doce personas resultan heridas. Por si fuera poco, se produce un incendio a bordo que el barco de carga no puede sofocar por sus propios medios. Arreglar ese desaguisado era el fin del operativo. El buen tiempo preconizaba un rescate tranquilo. Pero el mar se la jugó. La falta de viento hizo que el Serviola -el navío de la Armada que se prestó como buque siniestrado- bailase al compás de las aspas del Helimer Galicia y el helicóptero tuvo que hacer dos intentos para evacuar a tres heridos al hospital de campaña improvisado en la Torre de Hércules. Los otros nueve fueron rescatados por la lancha Salvamar, justo antes de que los remolcadores desplegasen sus cañones de agua sobre el Serviola. Mientras, en Mera, San Amaro y Riazor, los efectivos extendían barreras para impedir la llegada de crudo, al igual que los trabajadores de la refinería de Repsol, que se sumaron al ejercicio y desplegaron un cerco en el pantalán. Unas 250 personas adscritas a tres administraciones participaron en el operativo. Tanto movimiento inquietó a algunos espectadores: «¿Qué pasa, es la guerra?», se preguntaba un joven que observaba la práctica al pie de la torre de control.