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J. Á. F. PONTEVEDRA

GALICIA

Responsables de la investigación consideran al cambadés como el narco gallego con más crédito en Colombia La veteranía es un grado. También en el gran negocio de la droga al por mayor. A las puertas de los productores colombianos llaman cada día un sin número de narcotraficantes europeos -especialmente españoles y gallegos- que ofertan su sofisticada infraestructura para hacer llegar al insaciable mercado europeo el codiciado producto final que se extrae de la hoja de coca cultivada en Los Andes. Pero muy pocos tienen el crédito de Sito Miñanco. El cambadés, además de su acreditada experiencia en el sector, tiene fama de ser un hombre serio.

16 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El vigués Juan Fernández Fernández es el otro gallego detenido en el chalé de Madrid en el que Sito Miñanco había montado un auténtico centro de operaciones dotado con los más sofisticados medios técnicos. Y es que dicen quienes le conocen bien que colaborar con él es un privilegio: es el que mejor trabaja, el que mejor paga y jamás deja en la estacada a sus colaboradores. Y por supuesto, nunca escatima los medios materiales. Aseguran los que le investigan que nunca utiliza más de dos veces una tarjeta de prepago de telefonía móvil. Incluso llegó a tener una empresa dedicada a la telefonía cecular precisamente en colaboración con el colombiano Enrique García Arango. La altísima cualificación profesional de Prado Bugallo nunca pasó inadvertida a los máximos responsables de la lucha antidroga de nuestro país: Policía, Guardia Civil y Servicio de Vigilancia Aduanera (SVA). Todos llevaban soñando con echarle el guante desde el mismo día en que salió de la cárcel en libertad condicional. Hasta ahora los mayores éxitos los ha conseguido la policía, que lo detuvo dos veces por tráfico de cocaína. El SVA también se apuntó un buen tanto al aportar la principal prueba de cargo para implicarlo en el desembarco de hachís de 1996 en Vigo. No era para menos. Todos tenían la certeza absoluta de que no tardaría en volver a las andadas. Por eso no escatimaron esfuerzos en seguirle el rastro cada vez que daba un paso. Todos dedicaron a esta tarea sus mejores efectivos. Y es que el personaje no era uno más del montón. Fuentes cercanas a la investigación consultadas por este periódico han expresado su convencimiento de que es el narcotraficante europeo con mejores contactos en Colombia. Siempre se supo rodear de colaboradores incondicionales. Uno de los lugartenientes, que cayó con él en la operación Job, durante el juicio que se celebró en la Audiencia Nacional se atrevió a llamarle la atención al fiscal porque se refería a él como Sito Miñanco. «Se llama don José Ramón», le corrigió.