«El señor Penha, supongo...»

DELMI ÁLVAREZ CABO VERDE

GALICIA

Un cambadés dedicado a la exportación de pescado es el único gallego que reside en Mindelo, en Cabo Verde Como en todos los viajes que he realizado buscando ciudadanos gallegos por el mundo, contactar con ellos en África es más que difícil. El boca a boca, los amigos, las preguntas en la calle, en las asociaciones vecinales, a los colegas periodistas, en los bares... Esos son los procedimientos, digamos normales, para saber por dónde andan nuestros paisanos.

28 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Evidentemente, no fue fácil contactar con José Penha, el único gallego que reside en Mindelo, en la isla de San Vicente, una de las diez que componen el archipiélago de la República de Cabo Verde. Cuando lo encontré, tras varias horas de búsqueda y gracias a Chean, un asturiano que lleva seis años en la isla, no tuve más remedio que utilizar la famosa frase que empleó Stanley cuando encontró a Livingstone después de varios años recorriendo el continente. «El señor Penha, supongo...». Exportación de pescado José Penha lleva varios años en Cabo Verde, y se dedica a la exportación de pescado. Dice que, prácticamente, nació en una fábrica de conservas -su padre ya era conservero en Cambados-, que él siempre ha trabajado en eso y que, de hecho, no podría vivir de otra cosa. Mientras cocina unos filetes de atún y un guiso, cuenta que exporta atún y pez espada con A Tradicional de Cabo Verde, una empresa que cuenta con entre 30 a 60 empleados, dependiendo de los meses. Asegura que lleva tres años intentando que el Gobierno de las islas legalice su situación, pero que la burocracia aquí es infinita. «He firmado ya más de 500 documentos, y cuando creo que todo va bien, me dicen que tengo que rellenar más papeles», comenta. Penha llegó a Cabo Verde para cerrar un negocio con un ciudadano noruego que, a la postre, le supuso la ruina. Pero decidió quedarse y, a pesar de las dificultades, intenta salir adelante. Habla de su mujer, Pilar, y de sus hijos, Carmela, Pilar, José y Cora, que están en Galicia. No dudaría en volver definitivamente -sólo lo hace durante los veranos-, pero asegura que no puede dejar de trabajar en lo suyo: «Es mi mundo, y sin él no sería nada». Penha se queja de la falta de ayudas a las empresas extranjeras que quieren instalarse en Cabo Verde, cuando resulta evidente, a su juicio, que ese país necesita industrias que proporcionen trabajo y crecimiento económico. «Ahora estamos viviendo la explotación de los blancos por los africanos», ironiza, «porque dicen que ahora les toca a ellos». Paciencia y Senegal También asegura que la situación no es fácil para los turistas: «El otro día, un español tuvo que pagar 12.000 pesetas de penalización porque se le pasó tres días el visado. Eso no es cuidar el turismo», subraya. A veces, Penha reconoce que pierde la paciencia y que piensa en irse a vivir a Senegal, el país africano que le gusta de verdad. «Pero el problema es que no hablo ni francés ni inglés, y Senegal es muy peligroso. Allí te matan por unos zapatos», concluye.