El presidente de la Xunta visita oficialmente el ala del pazo de Raxoi que ocupa el Concello de Santiago
17 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hubiese bastado con que el presidente de la Xunta tocase en una puerta de su despacho oficial en el pazo de Raxoi para acceder al Concello de Santiago. Pero el protocolo y las costumbres de Fraga, que mantiene su despacho de combate en las dependencias administrativas de San Caetano, hicieron que la segunda visita institucional al Ayuntamiento compostelano en los últimos once años comenzase en la Praza do Obradoiro. Allí se escenificó el idilio político que viven Manuel Fraga y la ciudad de Santiago desde que el político de Vilalba se trasladó a Galicia para presidir la Xunta. Una relación de la que tanto el alcalde, el socialista Xosé Sánchez Bugallo, como el propio jefe del Ejecutivo, ya hablan sin tapujos: «Santiago ten un trato especial por parte da Administración autonómica e seguirá sendo así, aínda que outros se enfaden», afirmó Fraga durante un pleno extraordinario. Testigo de estas palabras fue Xosé Cuiña, auténtico impulsor de este encuentro y responsable de las principales inversiones que se harán en materia de vivienda e infraestructuras en el municipio en el próximo lustro. El de Lalín escuchó el intercambio de piropos en los asientos del equipo de gobierno compostelano acompañado por Encarna Otero y los ediles del BNG y del PSOE. Enfrente, en los bancos de la oposición, la mirada circunspecta de Dositeo Rodríguez, que había acompañado a Fraga en la primera visita, en 1990. Era conselleiro de Presidencia. Y así, entre palmaditas en la espalda y paseos por la zona vieja discurrió una afable reunión de escaso contenido político y que poco tuvo que ver con los animados cónclaves de cualquier comunidad de vecinos.