¿Qué se oculta en Viana?

La Voz

GALICIA

SOLEDAD FIGUEROA EN DIRECTO El miedo cambió los hábitos en el pueblo ourensano tras el asesinato de la joven Montserrat

14 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

ON cuatro familias que viven en el mismo pueblo y además tienen una preocupación común: saber quién mató a su joven vecina y amiga, Montserrat Martínez. Libia es la madre de Lorena, Olga, Maribel y Manuel. Ella desea que aparezcan los culpables: «É moi duro pensar que eses pais están sen unha filla e que os que a mataron están soltos por aí, esperando que ó mellor calquera día apareza outra». Tiene pánico y explica que cuando sus hijos salen «non dormes». Por precaución, ha variado el horario de vuelta a casa. «O outro día díxenlles que ás tres na casa, e chegaron antes». Lorena Bernárdez, hija de Libia, conocía a Montse y ahora afirma tener «medo e respeto» cuando sale, sobre todo «porque non se sabe quen foi». El temor se palpa, a pesar de que buscamos distendir el ambiente. En Santa Mariña de Froxais están atareados con las labores agrícolas, pero acceden a parar un rato para hablarnos. Olga Bernárdez es consciente de que «non se pode facer nada, a historia non ten sentido, sínteste impotente». Ella también es madre y se preocupa por su chico de quince años. «Sae, pero sempre o fai con xente coñecida», añade, protectora. No dejan que vuelva a casa solo: «Sempre vamos buscalo». Maribel Bernárdez no encuentra palabras para describir lo que siente: «Respeto, medo, é unha sensación moi rara, son moitos sentimentos xuntos». A la hora de salir, no modificó los horarios, pero explica que «apetece menos, sen un motivo concreto». La idea de que el asesino sea un vecino o alguien conocido «nin o penso, sabemos que é unha posibilidade, pero tampouco podes acusar a nadie sen telo claro, non podes estar coa sensación de que foi tal persoa porque non temos probas». Cordura para no acusar La cordura está presente en estos vecinos de Santa Mariña de Froxais porque son conscientes «de que nestas zonas rurales todo o mundo se conoce e podes marcar moito a unha persona se a acusas», subraya Maribel. Concha Domínguez está casada con Paco Martínez. Son los padres de Javier y han vivido la tragedia de cerca. No quieren señalar a nadie y, como explica Concha, «pode ser de aquí e ó mellor é do Bolo, da Veiga, non o sabemos. Eu creo que temos que coñecelo». A sus hijos continúa advirtiéndoles que no se vayan con desconocidos y las noches en vela son habituales, si están de fiesta. La presión no desaparece: «Necesitamos que o encontren», afirma rotundamente. Algunos ya perdieron la vergüenza ante la grabadora. Angelina Rodríguez es madre y abuela. Cree que para recuperar la tranquilidad debe aparecer el culpable. Su preocupación crece al irse de fiesta a Viana, a ocho kilómetros de Santa Mariña. Manuel, un joven que suele disfrutar en Viana, notó que «os rapaces de 15 e 16 anos saen menos. Notouse bastante; sobre todo os pais controlan máis ós fillos». Paco Martínez, padre, repite lo «de ter coidado» pero no vigila a sus hijos. «Xa son grandiños».