Lola Ribeira echa flores a sus compañeros. Se impone la inspección in situ y al final hay de todo, como en botica. No es que abunden las caras largas, no, y, con una excepción muy concreta, la descortesía se halla ausente. Pero sí surgen diversas actitudes a la hora de negociar. Razón: la valoración de una pieza antigua implica siempre, y sobre todo, un ejercicio de subjetividad. ¿Por qué un arcón de emigrantes de principios del siglo XX cuesta cien mil pesetas y no el doble? Se pisa terreno resbaladizo en donde no quedan excluidos engaños y fullerías mil. Lola Ribeira niega la mayor: «No sé en otros lugares, pero aquí, en Sarria, todo se hace legalmente. Nosotros somos los primeros interesados en que sea así, y yo le ofrezco factura a todo el mundo, con lo cual nos ahorramos malentendidos». -¿Factura con IVA? -Con IVA. Nosotros incluimos el IVA en el precio final que le damos al cliente. ¿Usted quiere ese armario del siglo XVIII? Son 600.000 pesetas, IVA incluido, y ahí tiene la factura. No hay trampa, no. -Pero, sin embargo, el truco puede estar al comprar. -No, no. A mí me viene alguien por la puerta a venderme una pieza, llegamos a un acuerdo, se la compro y anoto en el libro de la Guardia Civil quién es y su DNI. -¿En el qué? -En el libro de la Guardia Civil, y en otras ciudades en su equivalente, el de Policía. Es un registro que llevamos, completo, de todo, y que periódicamente hay que llevarlo a que nos lo cuñen. No se crea que es tan fácil que nos metan una pieza robada. Nadie se prestaría a ello, se lo aseguro.