La generación del Estatuto

MARÍA CEDRÓN SANTIAGO

GALICIA

XOÁN A. SOLER

Los jóvenes que nacieron con la Autonomía desconocen los hechos claves que dotaron a Galicia de instituciones propias Galicia empezó a dirigir su destino y, al mismo tiempo, ellos salieron del cascarón. Son la generación del Estatuto, la de los que no tuvieron oportunidad de decir sí o no a la Autonomía. Se limitaron a vivir los cambios ejecutados por el último broche que vistió a la democracia en un territorio que se rompe en el mar y en Os Ancares. Es posible que la democracia les haya escondido la memoria de unos hechos trascendentales, pero si les dieran ahora a elegir, muchos se sumarían a los 450.556 gallegos que votaron a favor de un Parlamento propio. Otros se quedarían en la acera de la abstención e incluso habría algunos que no se conformarían.

04 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Tienen veinte años. Vivieron la aprobación en Galicia de una ley de normalización lingüística, el paso de varios ciclones naturales y políticos -el Hortensia y dos mociones de censura-, pero para la mayoría lo del Estatuto de Autonomía es sólo la banda sonora de una película que no consigue alcanzar el Oscar. «Non se pode falar de Estatuto en singular, hai que situa-lo nun contexto máis xeral», comenta Jacobo Llamas, un lucense del 7 de marzo del 80. Para él, el documento fraguado a la sombra de O Obradoiro se reduce a la categoría de simple formalidad, «un impulso para a creación de novas institucións». Otros van más allá y lo dejan en un simple canto de sirena. «Nin serviu, nin é autónomo», dice Iria Lago, una noiesa de mayo del 81, que ve el futuro azul cobalto. El problema, según cree, «está en nós e na educación». «Ninguén te informa» Más fuerte o más débil, el Estatuto suena, pero si se mencionan los Pactos del Hostal, su respuesta es un «¿os qué..?». Y es que el «pouco sei do Estatuto» con la excusa del «ninguén te informa, se non estudias algo relacionado» de Elvira, una viguesa afincada en Compostela que sabe de arte, se generaliza y se disfraza con respuestas que deciden mutilar el recuerdo. «Yo paso de todo y de política no sé», asevera una estudiante de Historia. Y es que para la mayoría, los protagonistas se quedan en el reverso de un libro. En el anverso queda un papel y un futuro incierto.