Cerca de veinticinco barcos de la flota cefalopodera del puerto de Marín, atracados en la dársena pesquera y el muelle de reparaciones, hicieron sonar sus sirenas durante media hora, poco antes de la llegada del presidente. La medida sorprendió a los asistentes al acto castrense, desconcertados sobre el significado de las sirenas. Pronto se asoció con una protesta más de la flota local ante la paralización de las negociaciones para la renovación del convenio pesquero entre la Unión Europea y Marruecos. Las sirenas siguieron sonando cuando Aznar llegó a Marín. Pero la música de las marchas militares durante la revista de las tropas las ahogó hasta su cese. Fuentes del sector pesquero marinense explicaron que la pitada fue una llamada de atención al máximo mandatario del Ejecutivo español para que conociese el malestar por la anunciada reconversión de la flota gallega. Crisis en La Unión Por su parte, un numeroso grupo de trabajadores de Transportes La Unión, que mantienen un conflicto laboral desde hace casi dos meses, se concentró delante de la entrada principal de la Escuela Naval, mientras desfilaban las tropas. También querían atraer la atención del presidente hacia sus reivindicaciones. Y otra de las anécdotas del día la vivió con especial intensidad la propia prensa. El fuerte oleaje en la ría impidió que una lancha que transportaba a los periodistas pudiese abordar al buque de asalto anfibio Castilla. Sólo un equipo de cámaras de televisión y fotógrafos pudieron hacerlo media hora más tarde de lo previsto. Eso sí, fue preciso el uso del helicóptero para alcanzar al buque. El regreso en una lancha anfibia fue más sencillo.