El testimonio de Karl Peter Wels, a quien Manuel Charlín conoció en prisión, es la principal prueba contra el capo gallego. El ciudadano alemán, encarcelado en Marruecos, confesó que había sido enviado a ese país por el propio narco vilanovés para saber qué había pasado con el alijo del Duanas, una vez que el barco se había desprendido de la droga en alta mar, después de haber sufrido una avería que lo obligó a atracar en puerto. Si el Viejo se cuidó muy mucho de dejar pistas, no ocurrió lo mismo con los otros dos imputados, el fallecido Ramón Ventoso Padín y Vicente Alves Dieste, que se sentó ayer en el banquillo junto a Manuel Charlín. La policía española, que se desplazó en su día a Kenitra para inspeccionar el Duanas, logró reunir pruebas de que tanto Ventoso como Alves estuvieron en aquel barco. En las páginas de un número atrasado de la revista Interviú, concretamente en las ilustradas con desnudos femeninos bajo el título de Diosas del erotismo, se halló la huella de pulgar derecho de Ventoso. Otra huella de pulgar, en este caso correspondiente a Vicente Alves, apareció en una página de un ejemplar del diario El Mundo hallado también a bordo.