Juntos, pero no revueltos

La Voz

GALICIA

Los gallegos no forman clan en el Congreso. Las pandillas entre diputados se suelen formar más entre compañeros del mismo grupo político, sean o no de la misma comunidad autónoma, que entre compatriotas. El diputado socialista Guillermo Hernández Cerviño se aloja, de lunes a jueves, en un hotel de las inmediaciones del Congreso. Allí ha conocido a compañeros del partido, ajenos a Galicia, con los que pasa los escasos ratos libres de que dispone. «Mario Edo, de Castellón; Rosa Peris, de Valencia, y un pequeño grupo de diputados de Murcia y Cataluña solemos juntarnos para cenar cuando terminamos aquí», explica. También está aprendiendo inglés y, sobre todo, dedica el tiempo libre a pasear con este grupo de nuevos amigos. Víctor Manuel Vázquez Portomeñe, senador del PP, también se aloja en un hotel, aunque dada su condición está cercano al Senado. «La gente cree que vivimos a lo grande, pero lo cierto es que comemos el menú del día en el restaurante de la Cámara Alta, que está muy bien y nos cuesta 1.400 pesetas, y lo más que hacemos es alguna tertulia con los compañeros», matiza. Según Portomeñe, «casi no tenemos tiempo, y yo, al ser presidente de la Comisión General de Comunidades Autónomas, tengo bastante trabajo y la preparación de las sesiones, los órdenes del día y las recepciones a grupos que nos visitan me ocupan buena parte del día». La única afición del ex-conselleiro es «visitar museos, sobre todo los históricos». Procura convencer a algún compañero para que vaya con él y el último que ha visitado es el de Ciencias Naturales.