PERFIL Cástor Gago Álvarez, conselleiro de Agricultura, Gandería e Montes S el conselleiro gafe. Un día fue al Parlamento a decir que tenía un plan para reflotar Leyma. No podía desvelar los detalles porque, explicó, había muchos interesados en reventarlo. Los diputados se quedaron sin conocer el plan-Gago.
21 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Pero lo peor fue que Galicia perdió su buque insignia en un sector clave: Leyma es ahora un pequeño apéndice del holding Ebro-Puleva. En la misma línea, Gago reiteró en los últimos años su plena confianza en que no existían casos de vacas locas en Galicia, porque el sistema de saneamiento ganadero había blindado al sector. Poco importaba que en Portugal se hubieran registrado varios centenares de reses enfermas, ni que el ahora famoso Juan José Badiola, director del único laboratorio español preparado para detectar el mal, hubiera avisado en 1998 de que Galicia era una zona de riesgo, por su proximidad a Portugal y por ser la primera potencia lechera. Desgraciadamente los augurios de Badiola se cumplieron. Parrula y Elvira trajeron la demencia bovina a España y, más concretamente, a Galicia. Es precisamente de índole geográfica una de las principales críticas que le hacen los ganaderos a Gago: «Debería ter centrado o tema en España e non falar de Galicia, pois así cargamos só nós coas consecuencias». «Seguirás no cargo» Resulta prácticamente imposible encontrar a alguien fuera de sus colaboradores que defienda la actuación de Gago en la venta de Leyma. Incluso desde el siempre fiel a la Xunta Xóvenes Agricultores le llegaron reproches en aquellos fatídicos días de abril de 1999. Como mucho le exculpan parcialmente los que centran sus iras en José Antonio Orza, titular de Economía, que mostró su mayor cintura política, como sucede ahora con su homólogo de Sanidade, José María Hernández Cochón. «Imos darte caña, así que seguirás no cargo», le explicó a Gago entonces un diputado de la oposición, convencido de que debía pedir su cabeza y de que ese gesto causaría el efecto no deseado de que Fraga lo mantuviera en el cargo. Y siguió. Ni siquiera el acuerdo de Madrid sobre el aumento de la cuota láctea le sirvió para recuperar popularidad, pues muchos pensaban que su predecesor, Pérez Vidal, habría arracandado más. Sin embargo, en el caso de las vacas locas hay algunas voces que alaban su gestión o, por lo menos, no la descalifican plenamente. Todos coinciden en que Gago no se arruga: «Non agacha a cabeza; o problema é onde a mete». Los que lo defienden apuntan que, pese a las zancadillas que le hicieron desde Madrid, respondió con contundencia y rapidez. Disculpan los errores surgidos de la «lóxica improvisación». Los críticos se ensañan con la nula prevención y le acusan de haber generado el caos en el sector. Para éstos, la defensa de Fraga «non é máis ca un intento de protexerse el mesmo». «Vivo na rúa Cástor Gago» Nacido en Verín hace 47 años, casado y con dos hijos, Gago entró en política en 1995, como concejal de su pueblo. Había ocupado un cargo de libre designación -jefe del servicio provincial de Estructuras Agrarias- durante el tripartito, pero desde el PSOE niegan cualquier vinculación con el socialismo de este ex-director de oficina de Extensión Agraria, al que un día sorprendió una señora diciéndole que «vivo na rúa Cástor Gago». «¡Pero se Castor Gago son eu!», espetó. «Xa. Na nosa aldea estamos moi agradecidos polas subvencións que nos xestionou», sentenció la paisana. Es su origen ourensano la clave de su vertiginosa carrera, que le llevó a ocupar una consellería que antes Fraga había confiado a dos pesos pesados: Romay y Pérez Vidal. El equilibrio territorial es esencial dentro del PP, como se puso de manifiesto cuando al lucense Rodríguez Pérez le sustituyó al frente de la comisión de Agricultura del Parlamento gallego otro de Lugo, José Manuel Barreiro, aunque no estuviera tan ligado al sector primario. En el fondo Gago ha tenido suerte. Es un apasionado de la carne ó caldeiro, que ahora degusta en público para defender la ternera gallega.