La película protagonizada por Brad Pitt y Morgan Freeman sacudió todas las salas de cine y quedó instaurada en la mente de todos los espectadores hace ya tres décadas con su memorable final
22 ago 2025 . Actualizado a las 09:11 h.La cinta del actual rey del suspense, David Fincher (Zodiac, 2008) —Hitchcock es irreemplazable—, fue un antes y después en el cine norteamericano. El mundo no estaba preparado para un filme que es toda una declaración de intenciones desde el primer momento. Los turbulentos y correosos créditos iniciales, acompañados de una rápida sucesión de oscuras imágenes del asesino John Doe [Kevin Spacey en el que probablemente sea el papel más impactante de su carrera] haciendo sus maquiavélicos preparativos, marcaron un precedente que ha sido imitado infinidad de veces en obras del género como Saw (James Wan, 2004), El número 23 (Joel Schumacher, 2007) o la reciente Longlegs (Osgood Perkins, 2024), pero esto no fue lo único.
Su desasosegante atmósfera fue otro de los puntos que destacaron de la película. La investigación de los detectives Mills [Brad Pitt] y Somerset [Morgan Freeman] tiene lugar en una ciudad cuyo nombre no conocemos, lo único que sabemos es que llueve continuamente —esto ha llevado a teorías de que la trama ocurre en Seattle, pero nunca ha sido confirmado—. Pero no fue la recreación de la ciudad lo que impactó a todos los espectadores, sino la de las secuencias en las que el dúo de investigadores entraban a las horripilantes escenas de los crímenes directamente relacionados con los siete pecados capitales, aunque, curiosamente, el más recordado sea en el que menos se enseña. «¿Qué hay en la caja?», grita un desesperado Mills en el clímax. Todo el mundo sabe que hay dentro, pero es el imaginarlo y ver cómo el plan maestro de uno de los villanos más perversos del séptimo arte se cumple a la perfección lo que más desencaja a la audiencia, antes que cualquier muestra de violencia o gore, lo que hace de Seven algo realmente excepcional.