Un amor libre al estilo inglés

Mercedes Corbillón FUGAS

FUGAS

12 ago 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Duermo poco. Este amanecer de C. me perturba. Aun antes de abrir los ojos, me despierta la línea roja del alba sobre la sierra, más allá de las dunas. Me levanto a ver el espectáculo, ese mar de verano que pasa las noches en silencio, apenas susurrando el tintineo de los mástiles de los veleros que atracan en el puerto. Unas nubes púrpuras hacen sombras redondas sobre las aguas y los focos intensos de los marineros atraen a los calamares que acabarán más tarde fritos en el plato de alguien. Tal vez desde su posición en el medio de la bahía me vean apoyada en la ventana, desnuda y despeinada.

Vuelvo a la cama revuelta y leo a Tessa Hadley otra vez. Podría pasarme la vida leyendo a lo inglés. Últimamente, además, me he aficionado al té. Lo tomo siempre en la misma taza, una preciosa que me regaló Antía Otero. Tiene unos estampados rosas del mismo color que el cielo ahora. En Antía todo es poesía, también sus presentes.

La protagonista de Amor libre se llama Phyllis y vive en una bonita casa de un barrio residencial con sus dos hijos y su marido, un señor culto, elegante y tranquilo como un gato de angora. Es una mujer guapa y madura al estilo años sesenta, donde los cuarenta ya eran una edad provecta. Quiero pensar que ahora la mediana edad llega un poco más tarde. Un día invitan a cenar a un joven, hijo de unos amigos a los que ven poco, y que ahora vive en Londres. Nadie sabe muy bien por qué, ¿hace falta siempre una explicación?, pero la mujer y el chico se besan en el jardín. A veces un beso lo cambia todo, abre de golpe un montón de puertas cerradas que de repente se golpean empujadas por la fuerza de un huracán.